El alcalde de Salamanca entregó el 30 de mayo la Medalla de Honor
de la ciudad al Regimiento de Especialidades de Ingenieros número
11, en la persona de su coronel jefe Miguel García García
de las Hijas. Entre agradecimientos, Lanzarote aprovechó para reivindicar
el cambio de fecha de la fiesta de la Comunidad. Y fue después bajo
la atenta mirada de más de cuatro mil personas cuando seiscientos
militares desfilaron por la Plaza Mayor.
“Había llegado ya el momento de que la ciudad, cuya bandera
preside sus esfuerzos diarios a miles de Kilómetros de distancia,
premiara tanta generosidad”. Con estas palabras impuso el alcalde
Julián Lanzarote la Medalla de Honor de Salamanca al Regimiento de
Especialidades de Ingenieros número 11, en la persona de su coronel
jefe Miguel García García de las Hijas. La capital charra
saldó así “una deuda histórica”, según
aseguró al primer edil, con estos “arquitectos de la solidaridad”,
cuyo mérito empieza “cuando la tragedia deja de ser noticia
se recrudecen al instante sus negativos efectos con todo su poder destructor”.
Bajo la mirada atenta de distintos representantes de la
sociedad salmantina, el Salón de Recepciones del Ayuntamiento acogió
un acto que se celebra por segunda vez en la historia de este Consistorio.
Tras la entrega el 21 de septiembre de 1995 a la Fundación Edades del
Hombre de esta distinción, sólo los Ingenieros han recibido
este reconocimiento.
La concejala Pilar Fernández Labrador; instructora del expediente de
concesión de este galardón, fue la primera en intervenir, para
hacer un recorrido por el trabajo de este Mando en Honduras, Perú,
Kosovo o Afganistán, entre otros lugares. “Nobleza, entereza
y valentía” fueron virtudes que la edil atribuyó a “los
hombres de esta milicia edificante”.
Así, García García de las Hijas se presentó como
“un humilde soldado” para agradecer “el reconocimiento vivo,
cálido y sincero de todos los salmantinos a nuestra labor” a
su “callado y entusiasta” trabajo. “Siempre nos hemos sentido
muy orgullosos de llevar el nombre y la bandera de Salamanca por el mundo”,
aseguró en su discurso.
Bajo la mirada atenta de miles de ciudadanos, los ingenieros comenzaron
con un “¡Viva!” su desfile en la Plaza Mayor
“Prepárense para armar”. Esta frase tras un toque de corneta,
tan habitual un 30 de mayo, festividad de San Fernando, se convirtió
en novedad por el eco que provocaba en la Plaza Mayor de Salamanca. Seiscientos
soldados, firmes y en formación, fijaban su mirada en la engalanada
fachada del Ayuntamiento, que lucía reposteros con los escudos de España,
Castilla y León y Salamanca.
Ya ante el Consistorio y bajo la mirada atenta de miles de ciudadanos atraídos
por la novedad, los ingenieros comenzaron con un “¡Viva!”
que estremeció a los presentes. Entró en escena entonces la
bandera nacional, con el son del himno de España interpretado por la
banda de la Academia de Infantería, momento que se cerró entre
aplausos.
La Marcha de Infantes, un peculiar homenaje a los caídos con charros
entre soldados, y una oración por los que dieron la vida por la Patria,
a cargo del sacerdote del cuartel Francisco Bravo, sucedieron un espectáculo
castrense nada habitual en las calles de esta ciudad. La solemnidad del acto
se truncó breves instantes ante la preocupación que despertó
entre el público y los militares el desmayo de un ingeniero con uniforme
de época.
Un salva, tras los emotivos versos de “La muerte no es el final”,
dieron paso a la marcha de todos los integrantes del desfile. A paso ligero
dejaron atrás por el pabellón de San Martín un público
expectante, que aguardó la vuelta de los militares para despedirlos
entre aplausos.