¿Quién de joven no ha tensado el arco medieval y ha enviado la flecha a la almena
enemiga como Errol Flynn?
Más de treinta películas que se han rodado con el personaje inglés y sus hazañas,
muestran el interés de muchos espectadores de todo el mundo que se identificaron
con el representante real de la justicia contra los desmanes de los poderosos.
Al espectador de esta película le sonará algo que los nobles ingleses y detrás de ellos
sus vasallos se rebelaron contra las tasas reales y abusos de aquel monarca histórico
Juan sin Tierra.
Si definitivamente sabemos que el Cid existió por qué negar la leyenda del rey Arturo,
del Santo Grial... y de Robin Hood.
La originalidad de la cinta nos proyecta “antes de...” cuando el arquero del rey Cora-
zón
de León vuelve después de diez años de las Cruzadas.
Con la descomunal presentación del director que inauguró un nuevo ciclo con la película
“Gladiador” vemos casi en tiempo real los sucesos en aquellos tiempos míticos.
El desembarco de los invasores franceses en la playas inglesas parece de nuestro días aparte de los navíos
las barcazas de desembarco son casi de nuestros días, las intrigas palaciegas las de siempre, la histórica Leonor
de Aquitania madre que corona sucesivamente a sus hijos Ricardo y Juan.
Nuestro protagonista encuentra a “su” Marian como heroína actual den tierras donde los hombres marcharon
a Jerusalén dejando en las aldeas solamente a mujeres, viejos y niños.
Es una de las mejores versiones del personaje del siglo IX cuyo apodo se daba a los maleantes... o fugitivos
del rey. Cuando un hambriento vasallo era ajusticiado si mataba una liebre en sus bosques.
Mi madre que fue lectora infatigable durante muchos años decía que tras varios días
de autores clásicos algunos bastante plúmbeos (alemanes, ingleses, rusos, norteamericanos,
españoles...) “descansaba” con una novela de Agatha Cristie.
Tras semanas de espectador de cintas trascendentes, duras, denunciadoras de políticas
internacionales, de gobiernos corruptos o insensatos, nos llega sin ruido esta película
en la mejor tradición ahora moderna de comedia norteamericana.
Los guionistas con unas pinceladas nos retratan a un matrimonio medio (pareja estable,
casa estable, hijos estables) cuyo trabajo diario los deja agotados y tiene que ser
la “canguro” quien les recuerde los fines de semana que han de salir a la calle a la taberna
de siempre.
Hay cambio de planes y piensan variar la rutina cenando en un restaurante de moda
en Manhattan. No encuentran hueco y aprovechan la reserva hecha por otra
pareja
que no aparece para pasarse por ella. De aquí vendrán los equívocos, hay una mención
sutilísima en esto a aquella inolvidable “Con la muerte en los talones” del director
del suspense y la noche se transforma en secuencias a cual más disparatada donde hasta los “matones” son
simpáticos y también los políticos comprados.
No hay palabras soeces ni situaciones escandalosas sino una trepidante sucesión de acontecimientos bien
enlazados. Original aquí la siempre clásica persecución de coches por la ciudad.
Los guionistas nos transmiten una idea increíble para los países donde se admira a los pícaros, inmorales,
ladrones de millones... Cada vez que el matrimonio quiere explicar el equívoco al aprovechar el nombre de
otros, sus interlocutores, policías, camareros, mafiosos, se quedan asombrados: ¿Pero mintieron suplantando
a otros...?