Han pasado ya más de cuarenta años desde que realicé mi primera Jura de Bandera. Fue en el año 1969, en Ceuta, esa españolísima ciudad situada en el continente africano, en el Campamento del Jaral, donde nos preparábamos los mozos que, más tarde, nos convertiríamos en Caballeros Legionarios. Hasta ahora, no había considerado necesario repetir mi juramento, puesto que aquel ya lejano día, al jurar “dar la vida, hasta la última gota de mi sangre” por mi Bandera y por mi Patria, si fuera preciso, sigue estando tan fresco en mi memoria y en mi ánimo como el primer día, ya que con ese Juramento, como todo caballero que se precie, ligué mi destino al de España; sin embargo, con motivo de la celebración del Día de las FF.AA., el pasado 29 de mayo, en Badajoz, entrañable ciudad extremeña, Comunidad de donde soy originario y, además, ante el menosprecio que nuestra Enseña recibe en ciertos actos y lugares de nuestra geografía nacional, me he sentido en la obligación moral de demostrar, juntos a otros cientos de extremeños más, que somos muchísimos los españoles que amamos tan profundamente a España y a su unidad territorial que seguimos dispuestos a dar cuanto llevamos dentro para preservarlas.

Jurar Bandera me produjo una sensación inenarrable. Fue tan fuerte mi emoción que reviví totalmente los sentimientos que no experimentaba desde hacía más de cuarenta años, cuando ese acto me transformó de un joven atolondrado a un adulto que ha luchado toda su vida por el bien de este extraordinario país, de tan rica y plural Historia, como es España.

En cuanto a la totalidad de los actos programados y desarrollados por nuestras FF.AA., han sido extraordinarios y el pueblo pacense, así como extremeños de otros lugares, han podido gozar, aplaudir y apoyar constantemente a nuestros soldados por su buen hacer y excelente preparación.

ENRIQUE ARIAS
CABALLERO LEGIONARIO

Cartas al Director
Jura de Bandera: recuerdos imborrables
Cartas al Director
Memoria histórica, memoria histérica
La retirada de la simbología franquista y no franquista, en España, a consecuencia de la vigente ley de la Memoria Histórica, aprobada legítimamente por las Cortes Generales, me recuerda a lo que aconteció, acaeció, hace algunos años en determinados países, hermanos, de América Latina, en concreto en el Perú, Venezuela y México, donde retiraron, casi simultáneamente, de sus capitales las estatuas, en bronce, de sus fundadores- conquistadores, Francisco Pizarro, en ciudad de Lima, Cristóbal Colón en Caracas, y Hernán Cortés en ciudad de México, renegando de su pasado más inmediato, rechazando su historia, como si fuera algo sujeto a manipulación, desatándose además una caza de brujas, una persecución, contra todo lo llamado español para borrarlo, pulverizarlo, de sus calles, de sus ciudades, y en definitiva de su mundo, como si la historia fuera susceptible de ser cambiada, manipulada, sesgada.

Este despropósito contrasta con el pueblo filipino y sus gobernantes, recordemos que el navegante portugués Fernando de Magallanes fue quién descubrió las Islas, las Filipinas, incorporándolas a la soberanía de la Corona española con éste nombre, en homenaje al Rey Felipe II, y que posteriormente Miguel López de Legazpi fundó su capital, Manila, en la Isla de Luzón y que la mayoría de los filipinos respeta sus apellidos, la mayoría de origen español, y de sus topónimos e incluso el nombre de algún Capitán General, como Fernando Primo de Rivera, que luchó contra la insurrección tagala de 1896, en 1897, y que tiene dedicada una calle en una población de la Isla de Mindanao, y que luce con orgullo su apellido.

Y ahora aquí, en España, nos han quitado de la Academia de Infantería de Toledo, de una dependencia militar, si fuese civil se podría llegar a entender, el busto del general José Moscardó Ituarte, cuando era Coronel Director de la Escuela de Gimnasia y que por lo tanto no tenía nada que ver con la Guerra Civil española y, por ende, con el golpe militar de 1936, ya que éste fue mucho posterior.

Y que dentro de poco, muy poco, nos quitaran el nombre de la “Batalla del Ebro”, por ser prohibitiva, en la que mi abuelo, Pedro Molpeceres Escolar, como otros muchos combatientes, se dejó hasta la última gota de su aliento, en la dureza infernal de su batalla.

Cosas de la Memoria Histórica, españoles e hispanos, hispanos y españoles, hijos de la misma madre que es la madre Patria qué es España. ¡Somos iguales hasta con la “Memoria Histórica”. ¡Qué pena!

CARLOS MIGUEL HERRERA MOLPECERES
LICENCIADO EN DERECHO

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Las FAS que España necesita
Me permito enviarle esta carta tras leer el artículo que Vd. ha publicado en la revista Tierra, Mar y Aire nº 304. En él realiza un completo análisis sobre las FAS que España necesita desde su experiencia en destinos y puestos relevantes en nuestra organización y también como analista estratégico de prestigio.

Como artillero, no puedo estar más de acuerdo cuando menciona la importancia que tenía el Mando de costa y el papel estratégico que hubiera podido tener, reconocido incluso por las FAS estadounidenses en una visita que realizaron a la zona, tanto los servicios de inteligencia militar como por su Armada, dentro de la operación “AES”.

Destaca principalmente el importante papel de Infantería y Caballería, de Ingenieros, Helicópteros, etc., pero la referencia a la artillería o a la función de combate apoyos de fuego es escasa. En mi opinión, la libertad de acción que los misiles, la capacidad de fuegos lejanos y la defensa antiaérea dan al mando como acción firme y enérgica contra las reservas, centros de mando y puntos vitales de enemigos o insurgentes es un aspecto importante que no debemos olvidar, aun cuando las actuales operaciones no planteen esa amenaza o la actual estrategia no contemple hacer frente a esos objetivos que sin embargo existen.

Así lo entienden otros ejércitos que sí han incluido artillería en sus contingentes. Permítame hacer referencia al informe, de todos conocido, de un Capitán británico tras su misión de adiestramiento del Ejército afgano (ANA), en la que hace referencia a la importante ventaja que le dio el poder contar con su apoyo artillero.

El tratar de evitar “bajas colaterales” no implica que la artillería deje de tener un papel importante en el combate del futuro. Se volverá a la guerra convencional, está escrito. Personalmente no quiero caer en lo que cayeron algunos importantes estrategas y analistas cuando aseguraban que el conflicto de Kosovo se iba a resolver con la aviación, descartando las tropas terrestres para resolver una crisis. El tiempo ha demostrado la poca veracidad de aquellas aseveraciones.

Como bien conoce nuestra participación en operaciones se hace sobre la base de nuestra instrucción y las del resto de armas como combatiente general. La infantería no actúa como tal, ni la caballería, ni los ingenieros que se centran en labores CIMIC, todos actuamos como combatiente general, para lo que sin duda está más preparada por su natural instrucción la Infantería, pero no por ello es menos cierto que tampoco ésta opera como Infantería.

En mi opinión nuestra preparación y nuestros materiales no deben limitarse al combate insurgente solamente y debemos estar preparados para las amenazas que están por llegar. Para éstas la artillería juega un papel muy importante. Otra cosa es que no haya disponibilidad o no se dediquen fondos para nuevas tecnologías, modernos materiales e investigación y desarrollo nacional en armamento.

No quiero quitarle más tiempo con mis consideraciones, agradeciendo, de nuevo, las ideas y el análisis realizado en su artículo, quedo a sus órdenes.

JOSÉ LUIS BERZAL HERNANDO
CORONEL DE ARTILLERÍA (DEM)
Respuesta del Tte. Gral. Feliú
Acaban de entregarme tu carta en nuestra Hermandad de Veteranos y me apresuro a contestarte para que no sufra más retraso.

En primer lugar quiero decirte que te la agradezco muy sinceramente así como el artículo que me adjuntas. Te puedes imaginar que me interesan todas las opiniones y sobre todo la de destacados mandos como es tu caso. Esa es la ventaja de estar retirado que se tiene más tiempo para leer, escuchar y reflexionar y en resumen ver las cosas con una perspectiva más amplia.

Creo que estoy totalmente de acuerdo contigo en todo. Creo también que si relees mis dos artículos, encontrarás las mismas ideas, especialmente lo relativo a mantener la capacidad de combate convencional y lo del inadecuado del bombardeo aéreo en las operaciones de guerra asimétrica. Soy de verdad un convencido de las especialidades fundamentales y por supuesto de las “técnicas”, entre las que la Artillería (no solo la artillería-cañón) ocupan un lugar preeminente y que por cierto no son tratadas ahora adecuadamente.

Estoy preparando un artículo precisamente en este sentido que creo que aprobarás íntegramente. Mientras tanto, creo que sería bueno que tu carta, si quieres algo retocada, figurara como “carta abierta” en nuestra revista. Los lectores lo agradecerían. Yo te contestaría con otra o bien con el artículo que te menciono o con ambas cosas. De todas formas así se lo he expresado a la redacción donde esperan nuestra contestación.

Cualquiera que sea tu decisión, muchas gracias otra vez.

LUIS FELIU ORTEGA
TENIENTE GENERAL DEL EJÉRCITO
De mi memoria de España
Desde las montañas del suroccidente de Asturias, abarcandolo con la mirada, tenía hace un momento un ejemplar de la revista "Tierra, Mar y Aire" que mi suegro, Jose María Ron, recibe por su condición de militar retirado, y, teniéndola, no he podido resistir la tentación de escribir un artículo.

He leído con atención las opiniones de los militares que escriben, muchas en relación a la debilidad del Estado frente a intereses nacionalistas y las consecuencias que esto puede tener. Dejar de recordar que nuestro país es el más antiguo de Europa, y con ello olvidar la importancia de la centralización realizada en el siglo XV mediante la implantación de la Corona como concepto superador del estado Medieval, en el cual –recordémoslo– se hallaban inmersos los demás países, supeditados por tanto al feudalismo, y en franco retraso político con respecto a España, olvidar esto, digo, no es propio de seres que quieran dignificar no tanto a su nación como a sí mismos.

Porque, en efecto, el concepto de la Corona, como instrumento legitimador del Rey para administrar lo que ya era sin duda un Estado-Nación incipiente, representaba por vez primera en la Historia Moderna el recorte de poder a la nobleza y al clero, con lo que ello suponía de centralidad en la toma de decisiones en favor de un interés general; representaba también la atribución al monarca de un poder limitado por la presencia de las Cortes; se separaba el patrimonio del Rey del de la Corona, igualmente por vez primera, y se establecía una fiscalidad separada; una única lengua y un único ejército, el primero y más antiguo que un Estado haya podido formar, acotaban finalmente un modelo de organización social y política que, inaugurado por el genio político hispánico, ha durado cinco siglos.

Frente a estas notas de mi memoria histórica, no dejo de sentir indignación por el actual escenario de la nación mas vieja de Occidente, llevada a tal extremo por la dudosa formación de sus gobernantes. Ninguna otra nación de nuestro entorno despreciaría su patrimonio histórico de semejante manera y ello al albur de un dogmatismo nuevo que se presenta, aunque disfrazado, de intolerancia, ignorancia y debilidad.

Ignorancia porque se desconoce el papel histórico de nuestra nación y la importancia que ha tenido cuando ha sabido sostener un proyecto unitario superador de las tensiones internas; intolerancia porque se desprecian las ideas que pretenden asentar la convivencia sobre la base de los símbolos que a lo largo del tiempo nos han identificado; debilidad porque el político es cobarde a la hora de ejemplificar un mensaje de semejante contenido.

Después del Imperio Romano no ha habido en la Historia nada semejante a la colonización Americana, generadora del sustrato de sus actuales naciones, entonces virreinatos unidos a la Corona con los mismos derechos y obligaciones, una nación de naciones equivalente, aunque cinco siglos atrás, al actual proyecto europeo; ni nada semejante al "derecho de gentes" promulgado y precursor del actual derecho internacional.

Una gran Historia de un gran país luego sometido a la leyenda negra de las naciones que lo envidiaron. Pero si la falta de reconocimiento externo hiere, nada duele más que el desprecio olímpico de los compatriotas, unos por acción y otros por debilidad. Sencillamente, se hace insoportable.

Finalmente, recordando mi servicio militar en la Armada, como cabo, no olvido que gracias a nosotros ganamos la Batalla de Lepanto, la más importante de Occidente porque nos permitió liberarnos definitivamente del Turco y seguir con un proyecto europeo definitivo, una Europa en la que si alguien ha querido ser europeo es, precisamente, no el europeo común cuya condición le vino dada, sino el español, que no en vano lucho ocho siglos por serlo.

GUILLERMO DE MIGUEL
CABO DE LA ARMADA