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José Luis Méler y Ugarte
Doctor Ingeniero Industrial
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os altos responsables del poder económico nos están bombardeando con continuas soluciones económicas para la crisis. Utilizando una terminología muy rimbombante y achacando al mundo financiero la culpa de lo sucedido, parece como si todos estuviesen buscando una fórmula magistral, que a modo de una varita mágica nos resolviera todos los problemas de forma instantánea.

Y la crisis no es sólo financiera, ojalá lo fuera; eso es la fiebre del enfermo, pero la causa de la enfermedad es otra como sucede tristemente.

El mundo financiero sería sólo una entelequia numérica si no hubiera una realidad física que lo sustentará y le diera razón de ser sin una realidad de productos y servicios que le daría valorar y lo justificaría.
Nadie se alimenta con una letra del tesoro, ni con un pagaré, ni con acciones, etc., sino con los bienes y servicios de que se dispone en la sociedad.

Este mundo financiero en Occidente se ha divorciado de la realidad física que lo sustenta y da valor –se ha olvidado de la industria– generadora del ahorro, impulsora de la economía a través de la inversión y única vía capaz de reconciliar el mundo económico y financiero con la realidad física que lo debe sustentar.

Hemos observado con pavor –en estos años pasados– el desmantelamiento y emigración de industria a Oriente, sin saberse qué se iba hacer con las personas que dejaban de producir o sin estudiar un Plan de Viabilidad serio, sino que se abrían las puertas a una ganancia fácil ¡que trabajen los demás! Incluso la palabra industria se suprimía de los organismos oficiales porque entendían que era palabra de país tercermundista facilitando su deslocalización.

De momento todo fue bien, pues con la misma masa dineraria existente para comprar los mismo bienes, más baratos, lógicamente el excedente de liquidez era mayor y se permitía una vida alegre económica de laxos créditos porque había excesos monetarios.
Exceso monetario, magnificado por medio de artificios financieros, que no de ingeniería financiera porque la palabra ingeniería es de utilización mucho más seria y que está muy vinculada a la realidad física de la Producción.

Pero eso era una jaula momentánea –que los responsables de la alta administración del poder económico, que están obligados a considerar que la realidad que observamos nunca es estática sino que es un punto entre dos situaciones– debían haber previsto.

El circuito no era realimentado: se iban las industrias, se producía menos valor y el equilibrio quedaba roto. La competencia sin reglas iguales era desleal, los importadores estaban contentos haciendo su negocio, pero la industria se derrumba y el fantasma del Paro hacía su terrible aparición.

Nosotros,
los ingenieros industriales sabemos muy bien –porque es nuestro trabajo diario– que para reconciliar el mundo economicista y la vida real, tiene que haber primero beneficio industrial, tiene que haber margen y el precio de venta tiene que ser superior a los costes.

Occidente tiene que restablecer la posibilidad de existencia en los márgenes, para que vuelva el ahorro, para que se desarrolle la economía, y para que este ahorro se transforme en reinversión que de progreso y alegría. Pero para esto hay que establecer una estrategia que permita el retorno del beneficio a la Empresas ¡sin beneficio no hay progreso!, hay que dejar a las Empresas que ganen dinero.

Debemos reindustrializar Occidente en beneficio del mantenimiento del crecimiento mutuo con Oriente, y lo voy a explicar con un símil muy sencillo, que ya se hizo en la apertura del X Congreso Mundial de Qualicer:

“Al poner en contacto dos economías de diferente nivel, una de un dólar hora con otra de 15 dólares, en principio se origina una gradiente entre ellas y como ingeniero sabemos que un gradiente es bueno,  es sinóni-
Globalización sostenible
mo de generación de energía, tenemos el ejemplo de la luz eléctrica, pero también sabemos que un gradiente excesivo produce un cortocircuito y se destruye la instalación, perjudicando en este caso a las dos orillas como ha pasado pues en China ya se empiezan también a cerrar fábricas”.

En definitiva, debemos reindustrializar España y también defender la globalización, pero defenderla es hacerlo de una forma Sostenible y Paulatina de manera que no nos asfixie como ha sucedido ahora.

Si, debemos intentar hacer una reindustrialización de alto nivel tecnológico y valor añadido, pero estos diez últimos años han demostrado que ha sido mucho más rápido la avidez por
el negocio fácil de la importación que el desarrollo de la imaginación en I+D+i. Tenemos que rendirnos a la evidencia de este hecho e intentar superarlo para este nuevo y difícil periodo que empieza ahora.
Globalización sostenible