os altos responsables del poder económico
nos están bombardeando
con continuas soluciones económicas
para la crisis. Utilizando una terminología
muy rimbombante y achacando al mundo financiero
la culpa de lo sucedido, parece como
si todos estuviesen buscando una fórmula magistral,
que a modo de una varita mágica nos
resolviera todos los problemas de forma instantánea.
Y la crisis no es sólo financiera, ojalá
lo fuera; eso es la fiebre del enfermo,
pero la causa de la enfermedad es
otra como sucede tristemente.
El mundo financiero sería sólo una
entelequia numérica si no hubiera
una realidad física que lo sustentará
y le diera razón de ser sin una realidad
de productos y servicios que le
daría valorar y lo justificaría. Nadie se
alimenta con una letra del tesoro, ni con un pagaré,
ni con acciones, etc., sino con los bienes
y servicios de que se dispone en la sociedad.
Este mundo financiero en Occidente
se ha divorciado de la realidad
física que lo sustenta y da valor –se
ha olvidado de la industria– generadora
del ahorro, impulsora de la economía a
través de la inversión y única vía capaz de reconciliar
el mundo económico y financiero
con la realidad física que lo debe sustentar.
Hemos observado con pavor –en
estos años pasados– el desmantelamiento
y emigración de industria a
Oriente, sin saberse qué se iba hacer con las
personas que dejaban de producir o sin estudiar
un Plan de Viabilidad serio, sino que se
abrían las puertas a una ganancia fácil ¡que
trabajen los demás! Incluso la palabra
industria se suprimía de los organismos
oficiales porque entendían que
era palabra de país tercermundista
facilitando su deslocalización.
De momento todo fue bien, pues con la
misma masa dineraria existente para comprar
los mismo bienes, más baratos, lógicamente
el excedente de liquidez era mayor y se permitía
una vida alegre económica de laxos créditos
porque había excesos monetarios.
Exceso monetario, magnificado por
medio de artificios financieros, que no
de ingeniería financiera porque la
palabra ingeniería es de utilización
mucho más seria y que está muy vinculada
a la realidad física de la Producción.
Pero eso era una jaula momentánea –que los
responsables de la alta administración del poder económico, que están obligados a considerar
que la realidad que observamos nunca
es estática sino que es un punto entre dos situaciones–
debían haber previsto.
El circuito no era realimentado: se
iban las industrias, se producía
menos valor y el equilibrio quedaba
roto. La competencia sin reglas iguales era
desleal, los importadores estaban contentos
haciendo su negocio, pero la industria se derrumba
y el fantasma del Paro hacía su terrible
aparición.
Nosotros, los ingenieros industriales
sabemos muy bien –porque es nuestro
trabajo diario– que para reconciliar el
mundo economicista y la vida real,
tiene que haber primero beneficio
industrial, tiene que haber margen y
el precio de venta tiene que ser superior
a los costes.
Occidente tiene que restablecer la
posibilidad de existencia en los márgenes,
para que vuelva el ahorro,
para que se desarrolle la economía, y
para que este ahorro se transforme
en reinversión que de progreso y alegría. Pero para esto hay que establecer una
estrategia que permita el retorno del beneficio
a la Empresas ¡sin beneficio no hay progreso!, hay que dejar a las Empresas que
ganen dinero.
Debemos reindustrializar Occidente
en beneficio del mantenimiento
del crecimiento mutuo con Oriente, y
lo voy a explicar con un símil muy sencillo,
que ya se hizo en la apertura del X Congreso
Mundial de Qualicer:
“Al poner en contacto dos economías de diferente nivel, una de un dólar hora con otra de 15 dólares, en principio se origina una gradiente entre ellas y como ingeniero sabemos que un gradiente es bueno, es sinóni-
mo de generación
de energía, tenemos el ejemplo de la
luz eléctrica, pero también sabemos que un
gradiente excesivo produce un cortocircuito y
se destruye la instalación, perjudicando en
este caso a las dos orillas como ha pasado
pues en China ya se empiezan también a cerrar
fábricas”.
En definitiva, debemos reindustrializar
España y también defender la
globalización, pero defenderla es hacerlo
de una forma Sostenible y Paulatina
de manera que no nos asfixie
como ha sucedido ahora.
Si, debemos intentar hacer una
reindustrialización de alto nivel tecnológico
y valor añadido, pero estos
diez últimos años han demostrado
que ha sido mucho más rápido la
avidez por el negocio fácil de la importación
que el desarrollo de la imaginación en
I+D+i. Tenemos que rendirnos a la
evidencia de este hecho e intentar superarlo
para este nuevo y difícil periodo
que empieza ahora.