Rafael García Santos
Catedrático de Filosofía y doctor en Filología

Del Estado sano al Estado afiebrado,
origen de la guerra

S
La idea de comunidad pone siempre el todo por encima de las partes,
la comunidad sobre la sociedad y, por fin, la humanidad sobre el todo.

T. Moro

Sabréis que, en esta ciudad, sois hermanos.
Platón

Nemo dicat proprio a Deo percimus omnia: mendacii verba sunt meum et tuum.
Nadie diga con propiedad que de Dios lo recibimos todo:
son palabras de mentiroso: “mío” y “tuyo”.

S. Lucas

Si duo de nostris tollas pronomina rebus, Praelia cessarent, pax sine lite foret.
Si de nuestras cosas quitas dos pronombres (tuyo y mío) cesarían
las guerras y habría una paz sin disensiones.

S. Agustín

ócrates, como cazador, procura cobrar una pieza valiosísima, la justicia, pero, aunque el resultado del discurso sobre lo justo haya resultado ser infructuoso, no por ello cesará hasta haberla alcanzado. La investigación continúa de este modo: si se prescribiera leer desde lejos letras pequeñas a quienes no tienen una vista muy aguda, y alguien se percatara de que las mismas letras se hayan en un tamaño mayor en un lugar más grande, parecería un regalo del cielo el reconocer primeramente las letras más grandes, para observar después si las pequeñas son semejantes.

La similitud entre eso y la indagación socrática sería esta: hay una justicia propia del individuo y otra justicia propia del Estado; y el Estado es más grande que ningún individuo. Quizás en lo más grande haya más justicia y más fácil de aprender. Habrá que investigar cómo es la justicia en el Estado; y después, del mismo modo, inspeccionar también en cada individuo, prestando atención a la semejanza de los grandes en la figura de lo más pequeño.

En tal caso, si se contemplara en teoría un Estado que nace, se vería también la justicia y la injusticia que nacen en él.

No hay paz sin guardianes de la paz.

El Estado nace cuando una persona no se autoabastece, sino que necesita de muchas cosas. Cuando un hombre se asocia con otro por una necesidad, habiendo necesidad de muchas cosas, llegan a congregarse en una sola morada muchos hombres para auxiliarse. A tal asociación se le da el nombre de ‘Estado’.

Cuando alguien intercambia algo con otro, ya sea donando o tomando, lo hace pensando que es lo mejor para él, según sus necesidades. Y éstas son en primer término las biológicas, la necesidad de provisión de alimentos, de vivienda, de vestidos, de calzado y otras de esta índole.

Para satisfacer la provisión de tales necesidades en un Estado hace falta un labrador, para la primera, al menos; para la segunda, un constructor; y, para la tercera, un tejedor, un fabricante de calzado y cualquier otro de los que asisten al cuerpo. Un Estado que satisfaga las necesidades mínimas constará, pues, de cuatro o cinco hombres.

Cada uno de ellos debe contribuir con su propio trabajo a la comunidad de todos, de modo que, por ejemplo, un solo labrador surta de alimentos a los cuatro y dedique el cuádruple de su tiempo y esfuerzo a proveerlos de granos, asociándose con los demás.
S
No tendría sentido que el labrador sólo se preocupara de sí mismo y dedicara la cuarta parte de su tiempo a producir la cuarta parte de grano, y pasara las tres cuartas partes restantes en proveerse de casa, vesti- menta y calzado, sin producir cosas que comparte con los demás, sino obrando por sí solo en lo que él necesita.

Cada uno no tiene las mismas dotes que los demás, sino que es diferente en cuanto a su disposición natural: uno es apto para realizar una tarea, otro para otra. Entonces será mejor que  cada  uno  ejercite  un solo
mo el vecino deberá hacerlo con sus colindantes, en cuanto se abandona a un fin ilimitado de posesión de riqueza, sobrepasando el límite de sus necesidades. Y después de esto la guerra.

Este sería el origen de la guerra, aquello a partir de lo cual se producen las mayores calamidades, tanto privadas como públicas. Entonces el Estado debe agrandarse aún más, añadiendo un ejército que pueda marchar en defensa de toda la riqueza propia, combatiendo a los invasores.

Los artesanos, arriba mencionados, no se bastarían a ellos mismos y, por esta razón, habrá que crear un ejército, si se ha convenido, cuando se moldeaba el Estado, en que una persona no ejercita bien muchas artes a la vez.

Notas sobre la idea de “espacio vital” y el origen de la Segunda Guerra Mundial
por Juan Antonio Matador de Matos, Profesor de Geografía e Historia

Leídas en nuestra época, estas consideraciones de Platón sobre el origen de las guerras entre estados “afiebrados”, que se ven obligados a amputar el territorio de sus vecinos si quieren contar con tierras suficientes para pastorear y cultivar, evocan necesariamente el discurso nazi del “espacio vital” y el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Mi colega y amigo Rafael me pide que escriba unas notas sobre este particular, cosa que hago con mucho gusto.

Una de las obsesiones de Adolf Hitler y del régimen nacionalsocialista que se estableció en Alemania a partir de 1933, era la idea de que la nación alemana estaba legitimada para apoderarse de aquellos territorios que le permitiesen disponer del “espacio vital” (Lebensraum) que supuestamente necesitaba para cubrir sus necesidades materiales y desarrollar todo su potencial. Estos territorios no ha bría que buscarlos en el ámbito colonial, sino en el este de Europa. En base a esta necesidad, se justificaba la política de agresión que llevó a cabo la Alemania nazi y que contribuyó a desencadenar la Segunda Guerra Mundial.

La aspiración nazi a conseguir el “espacio vital” superaba los objetivos expansionistas e imperialistas tradicionales de Alemania. Desde el siglo XIX, el pangermanismo pretendía reunir a todos los pueblos de lengua y cultura alemana dentro de las fronteras de un mismo estado. Por su parte, el movimiento revisionista del Tratado de Versalles, que marcó el debate político durante los años de la República de Weimar y que tanto tiene que ver con el ascenso al poder del nazismo, se había fijado como objetivos rectificar fronteras y librar al país de ciertas servidumbres consideradas humillantes o que hacían imposible su recuperación económica. Hitler demostró enseguida que no iba a conformarse con la reunificación de todos los alemanes. Los nazis, como ha señalado el profesor Stanley G. Payne, fueron mucho más allá e intentaron una reestructuración racial revolucionaria de Europa.

No obstante, el concepto de “espacio vital” no fue una invención de Hitler, sino que su origen se remonta bastantes años atrás. En principio, el término equivale a “biotopo” o “hábitat”, conceptos propios de las Ciencias Naturales. En 1901, el geógrafo alemán Friedrich Ratzel, influido por las tesis del determinismo geográfico y por el darwinismo social, consideraba al estado como un organismo vivo, que, en competencia con otros estados, necesitaba un espacio vital para garantizar su supervivencia. En aquellos años, los teóricos del “espacio vital” pensaban que Alemania, a imitación de Francia y Gran Bretaña, debía extender su imperio colonial en ultramar, con vistas a disponer de territorios en los que colocar un posible excedente de población.

En los años siguientes, la idea del “espacio vital” fue retomada por autores como el general e historiador militar Friedrich von Bernhardi y el general y geógrafo Karl Haushofer. Bernhardi, en su libro Deutschland und der nächste Krieg (Alemania y la próxima guerra, 1911), consideraba la guerra una “necesidad biológica” para la regeneración cultural y económica de Alemania, y señaló por primera vez a la Europa del Este como escenario de la futura expansión alemana. Haushofer, amigo de Rudolf Hess, aplicó las ideas de Ratzel al análisis de la situación en la que había quedado Alemania tras la Paz de Versalles e influyó en el pensamiento de Adolf Hitler, al que conoció en 1921.

La aplicación práctica de la política del Lebensraum comenzó a partir de la invasión de Polonia en 1939. En junio de 1941, cuando Hitler ordenó la invasión de la Unión Soviética por medio de la Ope-
ración Barbarroja, creía estar abriendo el camino para la culminación de su sueño. Los planes del gobierno nazi incluían la creación de Reichsko- mmisariate en los territorios conquistados, así como desplazamiento progresivo de los rusos y otras poblaciones eslavas, que serían reem- plazados por colonos alemanes. Hitler veía a Rusia como un territorio vasto y fértil habitado por hombres de una raza inferior (Unter- menschen) dirigidos por unos una banda de sangrientos revolucionarios judíos.

La política exterior agresiva del nazismo fue ante todo consecuencia de la ideología. Se ha discutido mucho sobre el carácter moderno o antimoderno (en el sentido de antirracionalista) de la ideología nazi. El citado profesor Payne se adhiere a la tesis de que el hitlerismo fue un producto sintomático del mundo moderno. Su racismo y sus concep- ciones sobre “espacio vital” estaban arraigadas en el cientifismo moderno de la biología y el darwinismo social. Igualmente moderno y antitradicional sería el culto a la voluntad, así como la búsqueda nazi de la extrema autonomía, de la libertad radical para el pueblo alemán.
oficio. Además es obvio que, si se deja pasar el momento propicio para una tarea, la obra se estropee. Consiguientemente, se producirán más cosas y mejores y más fácilmente, si cada uno trabaja en el momento oportuno y acorde con sus aptitudes naturales, liberándolo de las demás ocupaciones.

Si cada uno ha de hacer aquello para lo cual está mejor dotado, el labrador no fabricará su arado, al menos, si, quiere que esté bien hecho, ni su azada, ni las demás herramientas que conciernen a la agricultura; tampoco el constructor, a quien también le hacen falta muchas cosas, ni el tejedor, ni el fabricante de calzados.

He aquí, pues, la necesidad de mano de obra de carpinteros, herreros y muchos artesanos de esa índole que, al convertirse en asociados en el pequeño Estado, aumentarán su población y habrá que añadir boyeros, pastores y cuidadores de diversos tipos de ganados, para que el labrador tenga bueyes y pueda arar, y también para que los constructores dispongan de la ayuda de bueyes que sirvan al traslado de los materiales; y, no menos, el ganado debe servir para la provisión de cuero y lana a los tejedores y fabricantes de calzado.

Y, además, sería prácticamente imposible fundar el Estado en un lugar de tal índole que no tuviera necesidad de importar nada. Requeriría, pues, también gente que se ocupara de traer de los otros Estados lo que hace falta. Pero, si el encargado de ese trabajo va con las manos vacías, sin llevar nada de lo que necesitan importar aquellos Estados para satisfacer sus propias necesidades, regresaría de ellos con las manos también vacías.

Por consiguiente, se debe producir en el país no sólo los bienes suficientes para la propia gente, sino también del tipo y cantidad requerida por aquéllos con los cuales se necesita intercambiar bienes. Entonces, habría que aumentar el número de labradores y demás artesanos y habría que sumar el de comerciantes. Y, si este comercio se realiza por mar, harán falta muchos otros hombres conocedores de las tareas marítimas.

Pero, en el seno del propio Estado, los ciudadanos intercambiarían aquello que cada uno ha producido, por medio de la compra y de la venta; entonces, surgirá un mercado y un signo monetario, con mira al intercambio. Pues con vistas a eso surge la sociedad y se funda el Estado.

En el caso de que el labrador o cualquier otro artesano lleve al mercado lo que fabrica, no en el tiempo en el que lo necesitan intercambiar otros, no dejará de trabajar en su propio oficio, permaneciendo sentado en el mercado. De ningún modo, porque existen mercaderes que deben permanecer en el mercado y adquirir, a cambio de plata, lo que unos necesitan vender y vender ellos también, a cambio de plata, lo que otros necesitan comprar.

Por último, hay otros tipos de servidores, que no son muy valiosos en inteligencia para el Estado, pero poseen la fuerza suficiente para las tareas pesadas. Porque ponen a venta el uso de su fuerza corporal y denominan salario a su precio, son llamados asalariados.

Si vis pacem, para bellum
(Si quieres la paz, prepárate para la guerra)

Obsérvese de que modo viven los que así se han organizado. No producirán otra cosa que granos, vinos, vestimentas y calzados. Construidas sus casas, trabajarán en verano, desnudos y descalzos. En invierno, en cambio, arropados y calzados suficientemente. Se alimentarán con harina de trigo o cebada; tras amasarla y cocerla, servirán ricas tortas y panes sobre juncos o sobre hojas limpias, recostados en lechos formados por hojas desparramadas de nuerzas y mirtos; festejarán ellos y sus hijos bebiendo vino, con las cabezas coronadas y cantando himnos a los dioses. No tendrán hijos por encima de sus recursos, para precaverse de la pobreza o de la guerra. Se les aderezará la comida con condimentos. De este modo, pasarán la vida en paz y con salud, y será natural que lleguen a la vejez y transmitan a sus descendientes una manera de vivir semejante.

Siendo más exigentes, habría que pedir camas para recostarse y no sufrir molestias; y comer sobre mesas postres y manjares, pero entonces ya no se trataría de examinar cómo nace un Estado, sino cómo nace un Estado lujoso.

Tal vez, no esté de más examinar como nace un Estado lujoso; pues al estudiar un Estado de esa índole, probablemente se perciba como echan raíces en el Estado la justicia y la injusticia.

Hay que distinguir entre Estado sano y Estado afiebrado. En el primero estarían cubiertas las denominadas necesidades básicas y primarias, en sentido puramente biológico. Satisfechas éstas, habría que añadir motivaciones de lujo y hedonistas.

En este Estado, para algunos no bastarán estas comodidades, pedirán además perfumes, inciensos, cortesanas y golosinas. Y no se considerarán ya como necesidades sólo la vivienda, el vestido y el calzado, sino que surgirán otras transbiológicas, como la pintura y el bordado y habrá que adquirir oro, marfil y todo lo demás.
El Estado sano no será ya suficiente, sino que debe aumentarse y llenarlo con una multitud de gente que no tiene ya en vista las necesidades del Estado. Por ejemplo, toda clase de cazadores y de imitadores, tanto los que se ocupan de las figuras y colores, como los que se ocupan de la música; los poetas y los auxiliares: rapsoda, actores y bailarines; y los artesanos fabricantes de toda variedad de artículos. También se necesitan pedagogos, nodrizas, institutrices, modistas, peluqueros, confi- teros, etc. Éstos no existían en el Estado sano, pues allí no hacía falta nada de eso, pero en el Estado afiebrado será necesario. Y con este régimen de vida harán falta más médicos también.

El territorio, que era suficiente para alimen- tar a la gente, ahora resultará insuficiente. En tal caso, habrá que amputar el territorio vecino, si se quiere contar con tierras suficientes para pastorear y cultivar;  así co-