n el momento de escribir este editorial de nuestra revista, he pasado a la situación de “retiro” después de cincuenta y cinco años de vida militar, para ser exactos: 54 años, 7 meses y 13 días. Aunque mi vida militar sigue, como mi matrimonio, hasta que la muerte nos separe. También lo han hecho, en el mismo BOD, el Almirante General (yo lo denominaría Almirante de la Armada para diferenciarlo de Almirante) Moreno Barberá y el General de Ejército Alejandre, con los que compartí destino en el último tramo de nuestra vida militar activa. Ellos, como JEMAD y JEME, respectivamente, y yo, como JEMA. En los últimos seis años, además, hemos sido vocales de la Asamblea de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, nuestro último destino en la reserva, habiendo cesado los tres simultáneamente. Ha sido un honor para mí coincidir con estos dos magníficos profesionales de la Milicia.

No tengo sensación de retirado porque como Presidente Nacional de la Real Hermandad estoy bastante “activado”, si no fuera por un papel que me recuerda que en adelante el Ministerio de Hacienda ha incluido mi pensión en la nómina de clases pasivas. Pues me hace ilusión ser clase pasiva, me ocurre como cuando estaba en activo y esperaba el boletín que me confirmara en el destino que había solicitado: cuando se producía el hecho estaba feliz. Hay que dar gracias a Dios por llegar.

Al evocar el más de medio siglo de mi vida militar activa todo lo que viene a mi memoria es grato, más que grato. He sido feliz viviendo mi vocación militar en el seno del Ejército del Aire, sin olvidar mi etapa en el Estado Mayor de la Defensa como Jefe de la División de Logística. Allí aprendí algo muy importante: que el Ejército de Tierra y la Armada son una parte importante e insustituible de las Fuerzas Armadas, o sea, que dejé de mirarme al ombligo, como se dice coloquialmente, y abrí mi mente, que ya era hora de abrirla. Actitud abierta que tenemos los miembros de la Real Hermandad de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil. Tierra, Mar, Aire y Guardia Civil siempre juntos militarmente hablando. Tuve además unos jefes magníficos. Cómo no recordar al Almirante D. Gonzalo Martín Granizo (JEMAD), que en Gloria está. El Almirante estaba adornado de unas virtudes militares y humanas que le hacían ser un jefe querido y respetado por todos los que tuvimos la fortuna de estar a sus órdenes. Prestigio del que gozaba, igualmente, en los ambientes internacionales en los que tomaba parte. Como también recuerdo al Teniente General D. José Antonio Romero Alés (JEMACON), mi jefe inmediato y, padrino en la ceremonia militar en la que se me impuso la faja de General de Brigada del Ejército del Aire. Dos extraordinarios jefes.

También en el Ejército del Aire he tenido jefes extraordinarios y compañeros magníficos. De mis compañeros puedo decir que con algunos establecí lazos de amistad fraterna. Hemos perdido quince, diez en acto de servicio y cinco de muerte natural, éramos cuarenta y tres cuando ingresamos. Descansen en paz.

Volviendo a los jefes que he tenido, de todos aprendí algo, sobre todo, del difícil arte de mandar. Podría citarlos a todos por sus nombres y apellidos. Ellos me inculcaron lo que significa la disciplina, la lealtad (ascendente y descendente), el espíritu de sacrificio, la subordinación, el compañerismo, la importancia de la misión asignada, la disponibilidad para acudir de inmediato al puesto de mayor riesgo y fatiga y muchas más virtudes que no siendo privativas de los militares, nosotros las sublimamos.

Necesitamos ser así para ganar la próxima guerra, si llega, o ser eficaces, como lo estamos siendo, en la resolución de los conflictos armados en los que intervenimos junto a nuestros aliados. Y otro aspecto importante que forma una segunda naturaleza en los que vestimos un uniforme, del color que sea, es el amor a las tradiciones. “Los Ejércitos de España son herederos y depositarios de una gloriosa tradición militar. El homenaje a los héroes que la forjaron es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra” (artº. 16 de las antiguas RROO), también recogido en el artº. 21 de las nuevas, recientemente promulgadas. Por eso esperamos del Poder Político, al que está subordinado el Poder Militar, que se sienta heredero y depositario de toda la Historia de España. El pueblo español del que procedemos los militares y, por tanto, formamos parte de él, le gusta que en sus Celebraciones, sean de carácter religioso o no, participen, en ocasiones, Bandas y Formaciones Militares de mayor o menor entidad. Cualquier Mando de la Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil, del nivel que sea, puede certificar que en más de una ocasión ha sido requerido por la Autoridades Civiles donde se encuentra ubicada la Unidad, bajo su mando, para que participe en la procesión de la Virgen, del Cristo o de la Santa o Santo Patronos del lugar. A los españoles les gusta ver uniformes militares y a nosotros, militares españoles, nos gusta lucirlos.

EDITORIAL
E
Por lo tanto instamos al Gobierno de la Nación a que sea respetuoso con esta realidad nacional.

No puedo terminar este editorial sin mencionar, a modo de oración por su eterno descanso, la muerte reciente del Almirante General D. Saturnino Suanzes de la Hidalga. Una gran pérdida para nuestra Armada y para la Fuerzas Armadas de España. Feliz y eterna singladura, ALMIRANTE. Como también lamento la muerte del General de División, de Sanidad Militar, D. Vicente Carlos Navarro Ruiz. Descansa en paz, por fin, mi GENERAL.

EDUARDO GONZÁLEZ-GALLARZA MORALES
PRESIDENTE NACIONAL