Pedro Ramírez Verdún
Coronel de Infantería DEM
VUELTA AL HORIZONTE

 

VUELTA AL HORIZONTE

Aspectos geo-políticos

África subsahariana también denominada África Negra, es un término que abarca a los países del continente africano a excepción de aquellos que limitan con el mar Mediterráneo y Rojo. Sin referencias políticas, el término determina aquellas partes del continente africano habitadas mayoritariamente por individuos negros, que comprenden en torno al 85% de su superficie total. Otra clasificación señala el Trópico de Cáncer como límite norte aproximado del África Subsahariana.

África Subsahariana, principalmente su área oriental es la cuna de la especie humana, desde donde se inició el hecho de poblar la Tierra probablemente en Etiopía o Tanzania. Asimismo es la cuna de algunas de las primeras civilizaciones del mundo y una fuente de creatividad artística que ha fecundado en otros continentes gracias a las migraciones forzosas o voluntarias de sus habitantes. África negra es fuente de grandes riquezas mineras como el petróleo, cobre, oro, estaño, cobalto, cromo, uranio, coltán y diamantes. Dispone de un enorme potencial energético, solar, eólico, fluvial y de bio-combustibles. Sin embargo en la actualidad África negra es considerada generalmente como la región más empobrecida del planeta, sufriendo los graves legados del colonialismo, el neocolonialismo, los conflictos étnicos e inestabilidad política. En ésta región se ubican algunos de los países del planeta con menor índice de desarrollo humano, su media no alcanza el 0,60.

Poco sabemos, en efecto, de la enorme creatividad y dinamismo de las sociedades africanas, de sus diversos experimentos de convivencia multiétnica y multicultural, de su solidaridad y hospitalidad. Desconocemos los intentos por actualizar los sistemas de gobierno al uso occidental que ha afectado, en mayor o menor medida, a más de 36 estados africanos; o de la suerte que han corrido países como Mozambique o Etiopía cuando han salido de largas guerras civiles. Poco sabemos (recordamos su campeonato del mundo de Fútbol) de Sudáfrica y su intento de desmantelar de forma pacífica el régimen del apartheid. A veces, estas tierras sólo reaparecen en nuestros televisores cuando ocurren inundaciones, guerras, catástrofes o epidemias.

Las guerras aparecen como la visión dominante que tenemos de África. Los medios de comunicación social nos hablan de esa realidad continental. Así conocemos que países como Angola, Burundi, el Chad, Congo Brazaville, Liberia, la República Democrática del Congo, Ruanda, Sierra Leona, Somalia, Sudán, se han visto sacudidos por cruentas guerras civiles. Algunos han visto, incluso, derrumbarse sus instituciones estatales. Otros como el Chad, Costa de Marfil, Kenia, Nigeria o Uganda se han sido víctimas de conflictos violentos de menor intensidad. Crisis que sin duda tienen un coste terrible para las sociedades africanas en términos de vidas humanas, destrucción de infraestructuras, costes económicos, etc. A pesar de las noticias que recibimos, nuestro conocimiento sobre las causas y dinámicas de los conflictos africanos es muy escaso. Se limita además a ciertos tipos de análisis en los que abundan los estereotipos y las simplificaciones. De esta forma se distorsiona la realidad, se seleccionan algunos aspectos de la misma y se ocultan otros, por ejemplo, determinadas responsabilidades de africanos y otros actores externos. Y con ello, de forma consciente o inconsciente, se legitiman determinadas acciones políticas. Por ello creemos que es importante reflexionar, aunque sea brevemente, sobre las informaciones que nos llegan sobre los conflictos bélicos africanos.

ÁFRICA SUBSAHARIANA

ÁFRICA SUBSAHARIANA

Según algunos autores, se pueden considerar tres diferentes factores los cuales generan las guerras civiles africanas: el Bárbaro, el Social y el Económico.

El Factor “bárbaro”

Se definen las guerras del mundo africano como: “nihilistas”, anárquicas, salvajes y en muchos casos fuera de toda lógica. En ellas, distintas facciones movidas por odios étnicos ancestrales, se dedican a saquear y destruir, como el caballo de Atila, cuanto encuentran a su paso. Ésta es la visión predominante de los medios de comunicación y de muchos políticos occidentales. Y también de algunos académicos como Kaplan, Mbembe o Samuel Huntington. En diferentes momentos se han descrito los conflictos de Ruanda, Somalia, Liberia, Sierra Leona, como luchas étnico-tribales. Nada más lejos de la realidad.

Hora es, pues, de incorporar a cualquier análisis de los conflictos africanos a las propias naciones africanas y sus singula- ridades como protagonista de su Historia, estos Países, no son pasivos, ante cualquier contexto socio-político se posicionan, se mueven, se acomodan, en especial cuando algo les afecta estrechamente como es el caso de un conflicto armado. En todos los factores analizados aparecen causas para la guerra. No obstante desde el primer momento de una crisis, la gente africana es protagonista de su destino, salvando estereotipos, se pone en marcha, unos se sitúan a un lado u otro del conflicto, se suman a una facción armada; al mismo tiempo otros aparecen redes para proteger a las víctimas. Otros argumentos son los mecanismos y recursos que dispon- gan para ello. Pero casi nunca se han quedado pasivos, esperando que alguien venga desde fuera a salvarlos. Es necesario reconocer su propia entidad espiritual que tanta importancia genera en su comporta- miento familiar y social.

Hora es también para que los medios de comunicación social en cualquier catástrofe africana dejen de mostrarnos siempre a un soldado blanco salvando a una niña en un árbol en las inundaciones de Mozambique o atendiendo a estos en campamentos de emer- gencias y que empiece a mostrarnos a los propios africanos dirigiendo la columna hu- mana  que  cruza un río o atiendo a sus com-
Los análisis de las guerras africanas centrados en las diferencias étnicas son discutibles. Y lo son porque, nos parece que estas definiciones, están vinculadas y construidas desde un discurso racial y de determinismo sociológico. Dicho discurso ya no se adorna de antiguas influencias coloniales que jerarquizaban a las sociedades en civilizadas o salvajes. Más bien, al contrario, acepta la realidad del pluralismo cultural. Se admite, con dificultad, que una cultura no es esencialmente mejor que otra. Sin embargo considera que son diferentes y, lo que es más importante, que en dicha diferencia está la causa del conflicto, el antagonismo y la violencia.

Se tiende a naturalizar las identidades étnicas entendiéndolas como primarias, innatas e irracionales pero la realidad es que han sido formadas y moderadas a lo largo del tiempo. Por otra parte, este discurso explica los conflictos y la violencia por la mera existencia de diferentes e irreductibles identidades étnicas, religiosas o culturales. Ello oscurece el carácter dinámico, multifacético e interactivo de las identidades étnicas, así como la capacidad de muchos grupos étnico-culturales de convivir pacíficamente en gran parte de África. Y, sobre todo, esconde la actuación y responsabilidad de diferentes actores y grupos sociales (africanos e internacionales) que, en su lucha por el poder y los recursos, instrumentalizan las identidades étnicas y sus culturas para movilizar a la población a favor de sus intereses.

A pesar de ello, su mensaje simplificador produce una poderosa literatura que extiende y refuerza el tópico del África salvaje y bárbara. Sin a asumir todo lo anteriormente expuesto si que reconocemos que en esos párrafos aparecen razones que explotadas por intereses espurios pueden desencadenar una guerra.

El Factor Social

Una segunda corriente de análisis considera que la causa de los conflictos bélicos africanos es el Subdesarrollo. Así se defiende que éstos se deben a la pobreza existente, al deterioro medioambiental y al supuesto crecimiento “incontrolado” de la población en un continente con grandes espacios deshabitados. También se alude, como origen de la violencia, al aumento de la exclusión social y la marginalidad, a la corrupción de las elites y al militarismo de las sociedades africanas. Mientras unos inciden en los factores internos, otros, los menos, resaltan las condiciones estructurales como: la dependencia exterior, la deuda externa la marginalidad de África en la economía mundial. Otros, comparten la idea de que la modernización, la urbanización, la alfabetización y las mejores condiciones de vida producen menores posibilidades de conflicto.

La presunción en que el subdesarrollo representa uno de los riesgos de desencadenamiento de un conflicto armado, domina el discurso de los integrantes de la Cooperación al Desarrollo. De esta forma se replantea “la seguridad en términos de que el subdesarrollo es peligroso y, a través de su radicalización, se reinventa el papel del desarrollo”. Por ello se encuentran nuevas legitimaciones (la del desarrollo como prevención de los conflictos) para un discurso, el de la Cooperación, que va perdiendo “fuerza” tras varias décadas de fracasos y de fatiga de los donantes.

El Factor Económico

La escasez de recursos y mala distribución agudiza el conflicto inherente a cualquier relación de poder y dominación como la existente en las sociedades africanas y en cualquier otro lugar del mundo. Sin embargo, tiene un poder justificativo limitado y esconde más que desvela los factores que desencadenan los conflictos.

En los últimos años ha surgido otra corriente que explica los conflictos africanos. Están contenidos en las numerosas publicaciones habidas sobre la economía política de la guerra. En ellas se intenta justificar y definir por ciertas elites políticas y económicas los argumentos para integrar y justificar sus ganancias de forma legal en la economía mundial; a este cúmulo de razones le denominamos factor económico que brevemente exponemos a continuación.

La hipótesis centra el análisis en la crisis de legitimidad que sufrió el Estado postcolonial africano a finales de la década de los ochenta. Diversos parámetros fueron los causantes: la caída del precio de las materias primas, los Planes de Ajuste Estructural y el final de la Guerra Fría. Estos factores habrían provocado la reducción de las principales fuentes de financiación del Estado resultante, aquéllas con las que las elites africanas nutrían a sus apoyos políticos y mantenían el estatus quo y la represión. De esta forma, el Estado poscolonial perdía su utilidad y legitimidad para algunas elites que se dedicaron a buscar nuevas fuentes de autoridad, privilegios y beneficios materiales. Para ello, algunos emprendían procesos de democratización. Otros los encontraban en la economía de la guerra: en el control de los recursos naturales, el tráfico de armas, u otras actividades económicas ilegales.

En efecto, las publicaciones de la economía política de la guerra han tratado con cierta profundidad los flujos económicos que se producen en las llamadas guerras por los recursos Así se estima que, en Angola, la UNITA consiguió, gracias al comercio de diamantes, más de 350 millones de euros anuales aproximadamente ente 1992 y 2002. El comercio de esta piedra preciosa aportó también grandes beneficios en Sierra Leona tanto a los señores de la guerra liberianos como a los rebeldes del RUF. Se calcula que obtuvieron, a lo largo de los noventa, entre 20 y 12 millones de euros anuales. La denuncia de estas dinámicas trascendió el mundo académico. Llegó a los medios y sirvió, en parte, para que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ordenase un embargo internacional, en gran medida ineficaz, sobre el comercio de diamantes de Sierra Leona.

Otro ejemplo clave es la guerra de la República Democrática del Congo en la que se han visto involucrados más de siete países africanos. En los últimos tiempos muchas voces se han alzado para denunciar el saqueo que están sufriendo los recursos naturales de este inmenso y rico país: diamantes, oro, cobalto, cobre, madera, café. Y en especial, del coltán, mineral (de escaso valor hasta hace poco) que al parecer se ha convertido en elemento estratégico para la elaboración de los teléfonos móviles de uso mundial.

En este sentido se pronunciaba en el año 2002 la Comisión de Expertos creado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para estudiar “la explotación ilegal de los recursos naturales y otras formas de riqueza de la República Democrática del Congo”. Su estudio concluyó que la explotación ilegal del país sigue, a pesar del proceso de paz a que has sido sometido y donde España ha sido un protagonista eficaz pese a las dificultades encontradas. El informe reconoce la intervención de tres grandes redes político-económicas africanas. Por un lado, está la red de intereses políticos, militares y comerciales del Gobierno congoleño y del de Zimbabwe; por otro, la controlada por el Gobierno de Ruanda y una tercera red protegida por Uganda. Asimismo, el informe incluía una lista de 85 compañías internacionales conectadas en dichas redes y que, por tanto, han contribuido de alguna manera a la prolongación del conflicto y al “saqueo” de sus recursos naturales.

Sin duda, la Comunicación, en este caso globalizada, de la economía política de la guerra ha permitido aclarar la responsabilidad de determinados actores, africanos e internacionales, en el origen y prolongación de las guerras africanas. También nos ha mostrado como las elites africanas han instrumentalizado políticamente el desorden en su propio beneficio. Así, los señores de la guerra han dejado de parecer seres irracionales y salvajes movidos por odios atávicos y han pasado a ser considerados actores racionales funcionando con una lógica “moderna” y neoliberal: la de obtener el máximo beneficio económico posible al mínimo coste. Sin embargo, concluimos, no se puede señalar como causa de la guerra la situación generada en los ambientes africanos centrada sólo en los intereses económicos.

Un apunte de soluciones

En definitiva los factores señalados en su conjunto si son motivos para la generación de conflictos más o menos violentos e injustos. Incidir sobre estos, permitiría encontrar soluciones de acuerdo con la verdadera esencia del África subsahariana.
patriotas en los hospitales. Sólo así dejaremos de ver a las poblaciones africanos como sujetos pasivos, necesitados de tutela y empezaremos a aceptarlas como sujetos activos y protagonistas directos de su Historia y esta nos dice que cada pueblo encuentra su camino si no pierde sus señas de identidad y el Africa Subsahariana sin duda las tiene.