a Real y Militar Orden de San Fernando es poco conocida
no solamente en el ámbito civil sino también
en el militar, de ahí muchos de los errores que se cometen
al hablar de ella. El más frecuente es confundir
los términos “Caballero de San Fernando” y “Caballero
Laureado”, al no tener en cuenta que la mayor
parte de los Caballeros que pertenecieron a la Orden
no fueron Laureados.
Para premiar los hechos tanto de carácter heroico
como distinguido, al crearse en 1811 la Orden se instituyeron
nada menos que seis tipos de condecoraciones,
que muy pronto quedarían reducidas a cinco:
Cruz de 5ª clase, que podían conseguir por sus méritos
los generales en jefe; Cruces de 4ª y 2ª clase
(ambas Laureadas), para recompensar la primera de
ellas los hechos heroicos de los generales, y la segunda
los de los jefes, oficiales y clases de tropa; y
Cruces de 3ª y 1ª clase (podríamos llamar Sencillas),
destinadas las primeras a premiar los hechos distinguidos
de los generales, y los de los jefes, oficiales y
clases de tropa las segundas. Como es lógico, los distintivos
de cada Cruz eran diferentes, distinguiéndose
los de 5ª, 4ª y 2ª por llevar una corona de laurel rodeando
a la cruz.
Esta situación se mantendría hasta que en 1918 la
Ley de Bases para la reorganización del Ejército dejó
reducidas las recompensas a tan solo dos: Gran Cruz
(generales en jefe) y Cruz Laureada (generales, jefes,
oficiales, suboficiales y tropa), y así quedaría reflejado
en el quinto Reglamento de la Orden, promulgado
en 1920.Al mismo tiempo, en ese mismo año se
creó la Medalla Militar Individual para recompensar
los hechos distinguidos.
Quiere esto decir que en todas las guerras libradas
por el Ejército español desde la de la Independencia
hasta las Campañas de Marruecos se concedieron
Cruces Laureadas y Sencillas. Al desaparecer las segundas
en 1918, se les concedió a los Caballeros que
las habían ganado y que todavía vivían el uso del distintivo
de la Laureada, aunque no la pensión correspondiente.
¿Cuántas Cruces de San Fernando de todas clases
se han concedido desde el nacimiento de la Orden?
Las investigaciones que se están realizando actualmente
con motivo de la celebración del II Centenario
de la Orden el próximo año permitirán hallar un número
bastante aproximado de ellas. Ahora bien, en
este momento se considera que pueden rondar las
12.000, sin tener en cuenta las concedidas a partir de
1823 a los componentes del ejército de Angulema (alrededor
de 1.000) ni a la Milicia Nacional de Madrid
(cerca de 13.000) en 1856.
Las Cruces de 4ª y 2ª clase y Laureadas no llegaron
a prodigarse a lo largo de los 200 años de vida de la
Orden, ya que debía mediar para su concesión un juicio
contradictorio. Se calcula que no llegaron a 1.000,
mientras las Cruces de 5ª clase y Grandes Cruces no
alcanzaron las 250.
De las más de 150 Cruces de 2ª clase y Laureadas
concedidas en las Campañas de Marruecos, cerca de
50 fueron ganadas por miembros de Regulares y
pocas más de 10 por los del Tercio.
¿Quién fue el primer Laureado? Las opiniones a
este respecto han sido muy variadas a lo largo del
tiempo. Ciñéndonos a la clara prueba de la fecha de la
real orden de concesión o de la real cédula, no hay
duda de que fue el general de Infantería don Pedro Villacampa
y Maza de Lizana, que obtuvo la Cruz de 4ª
clase por real cédula de 15 de mayo de 1813, con antigüedad
de 6 de marzo del mismo año. La primera
Cruz de 5ª clase le correspondió al general de Infantería
don Luis de Lacy y Gauttier, por real cédula de
25 de mayo de 1813, y la de 2ª clase a los intendentes
don Joaquín Gómez de Liaño y don Domingo de Torres
y Harriet, funcionarios civiles de la Real Hacienda,
concedida a ambos por real orden de 27 de
noviembre de 1813. Respecto al “coronel de Artillería
García Arista” o García Loygorri, no obtuvo la Cruz de 4ª clase hasta 1816, por lo que, obviamente, no pudo
ser el primero, si bien se puede considerar la concedida por el
hecho de guerra más antiguo (batalla de Alcañiz, el 23 de mayo
de 1809). Como curiosidad, le aventaja en dicho mérito el teniente
de Artillería don Rafael de Arango, al que se le concedió
la Cruz de 1ª clase por la defensa del Parque de Monteleón,
el 2 de mayo de 1808, aunque no le sería otorgada hasta 1823.
Las últimas Laureadas otorgadas no son, como parecería lógico, las ganadas en 1958 en el Sáhara por el brigada Fadrique y el soldado Maderal (recibidas en 1962 y 1966, respectivamente), sino las de dos oficiales pertenecientes a la División Azul, el capitán de Infantería don Teodoro Palacios Cueto y el de Caballería don Jaime Galiana Garmilla, concedidas al primero de ellos en 1967 y al segundo en 1973.
Algunos Caballeros de la Orden llegaron a lucir sobre sus
uniformes más de una Cruz Laureada. Dejando al margen la
Cruz de 5ª clase y ciñéndonos tan solo a las que acreditan valor
heroico, fueron recompensados con tres Cruces Laureadas los
generales don Domingo Dulce Garay (de Caballería, con dos
Cruces de 2ª clase y una de 4ª), don José Gutiérrez de la Concha
(de Caballería, con dos Cruces de 2ª clase y una de 4ª),
don Joaquín Baldomero Fernández Espartero (de Infantería,
con dos Cruces de 4ª clase y una de 2ª), don Felipe Rivero
Lemoine (de Infantería, con dos Cruces de 4ª clase
y
una de 2ª) y don Federico Roncali Ceruti
(de
Infantería,
dos
Cruces de 4ª clase y una de 2ª).
Sin embargo, teniendo en
cuenta que es más
fácil para un oficial que para un general
demostrar su valor en combate, debería ostentar
el primer
lugar en la anterior relación don Ricardo de la Saussaye y
Duffey, perteneciente al Arma de Infantería, que ganó tres
Cruces de 2ª clase con los empleos de comandante
y teniente
coronel.
Ahora bien, los hechos que motivaron tal derroche
de
Laureadas
tuvieron lugar antes de mediados
del
siglo
XIX. Después
solamente hemos tenido dos Bilau-
reados,
el general don
José Enrique Varela Iglesias
y el capitán don Miguel Rodríguez
Bescansa,
muy
conocido el primero y casi desconocido
el segun-
do, ya que murió en acción de guerra
en
Marrue-
cos siendo
capitán y cuando todavía no
se
le ha-
bía
concedido
la primera de las Laureadas
que
ga-
nó.
Alejado de los anteriores está el general Prim,
quien fue recompensado con una Cruz de 2ª
clase y posteriormente con una de 5ª; un caso parecido
es el del general Sanjurjo, que ganó una
Cruz Laureada y más tarde una Gran Cruz. No
ganaron dos Laureadas ni el general Rodrigo ni
el capitán Arredondo. El primero ganó tan solo
una Laureada, en Marruecos, mientras el segundo
había sido recompensado con una de 1ª
clase en 1915 y se le otorgaría a título póstumo
una Laureada en 1929. Por último, el general
Weyler no ganó nunca la Cruz Laureada, sino la
de 1ª clase en 1863 durante la guerra de Santo
Domingo.
Quien esté interesado sobre
este tema dispone de la
siguiente bibliografía:
• Caballeros de la Real y
Militar Orden de San
Fernando (Infantería)
(5 tomos), 2001, Ministerio
de Defensa
• La Real y Militar Orden
de San Fernando, 2003,
Ed. Palafox & Pezuela,
Madrid
• Caballeros de la Real
y Militar Orden de San
Fernando (Ingenieros),
2009, Ministerio de
Defensa