Guillermo Fernández de la Yeza
General de División
Asociacionismo
urante el período de formación, nuestros profesores
se esmeraron en inculcarnos una serie de
ideas, que fueron asumidas, aceptadas e integradas
en nuestro espíritu militar. Creo que las siguientes
tienen relación con el asociacionismo
militar, asunto que intento tratar aquí y que, entre
otros, se regulará pronto por Ley Orgánica:
“Todo militar se manifestará siempre conforme
del sueldo que goza...se prohíben...las murmuraciones
de que...es corto el sueldo, poco el haber
o el pan, malo el vestuario,
mucha la fatiga,
incómodos los
cuarteles...” (RROO
de Carlos III).
“No murmurar jamás
ni tolerarlo” (Decálogo
del cadete).
Sentido de servicio,
influido por lo anterior:
Nada había más importante que servir a España.
Ante ello, ni siquiera esas cosas del sueldo,
el haber, el pan, los cuarteles, tenían especial importancia.
En el fondo, nos inculcaban las virtudes de austeridad,
abnegación y generosidad como normas
de vida. Y esto nos calaba hasta sentirnos orgullosos
de ello, se hacia cuerpo en nosotros.
Los militares tienen derecho
a integrarse en asociaciones
aunque éstas tengan carácter
reivindicativo, cosa que prohibía el
Art. 181 de las RROO de DIC1978.
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Pero este desprendimiento contaba con un respaldo
asegurado para atender las indudables necesidades
de vida: El mando, a todos los niveles, no
sólo debía preocuparse de ejercerlo eficazmente, sino
también de atender los problemas personales, sociales
o de vida de sus subordinados. Para ello, se valía
de soluciones ingeniosas en el acondicionamiento de
los cuarteles, en la mejora de la comida, en la resolución
de necesi-
Hace unos días me refirie- ron el comentario de
una persona que ejerció cargos muy importantes
precisa- mente del Ministerio de De- fensa: “Las
Fuerzas Arma- das son la única institución del Estado
que no está poli- tizada. Introducir en ellas el
asociacionismo es peligrosí- simo, puede llevar a
su poli- tización”.
El comentario sugiere que la
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Asociaciones, Observatorio
y Mando intervendrán,
al
mismo nivel, al menos formal, en
asuntos hasta ahora exclusivos
del Mando.
dades familiares, se llegaba hasta el contacto y el consejo personal, etc. Para el resto, que era mucho, se contaba acertadamente con nuestra reconocida austeridad, y hasta con la casi institución del pluriempleo, pues los sueldos tardaron bastante en ser atendidos convenientemente.
En este contexto,
nadie pensaba en constituirse
en asociación o
grupo para tratar esos
asuntos y proponer soluciones
o modificaciones,
no digamos para plantear quejas, lo que podía considerarse
sedición. Para eso, repito, estaba el mando,
que contaba a ciertos niveles con una estructura especializada
en que podían y debían considerarse las
posibles causas de descontento y sus soluciones. Y
cuando se estimaba necesario, ahí estaban la vía judicial
o el derecho de petición, con el que se podía
“llegar hasta Nos, en representación de su agravio”.
Esta forma de pensar se mantiene en muchos de
quienes hemos servido a España en sus Fuerzas Armadas y la hemos transmitido al menos a una
parte de los actualmente en activo, junto con el
convencimiento de que el Mando estará siempre
pronto, hábil y hasta exigente en cumplir con su
responsabilidad para resolver los asuntos aludidos.

política engendra
en las instituciones más problemas que soluciones
(desgraciadamente existen ejemplos eviden- tes).
Quizá también, que puede perjudicar al
compañe- rismo o a la unidad, tan necesarios en
las relaciones en el seno de las Fuerzas Armadas,
y para la eficacia en el cumplimiento de sus misiones,
tanto que la “unidad” se incluye junto con
la disciplina y la jerarquía como características
de las Fuerzas Armadas a las que el militar debe
ajustar su comportamiento (Art. 7 de las nuevas
RROO y anteproyecto de LO de derechos y deberes).
Pero aquí no voy a argumentar contra el asociacionismo
Según lo indicado en el “Anteproyecto de ley
orgánica de derechos y deberes de los miembros
de las Fuerzas Armadas”, las nuevas asociaciones
podrán presentar propuestas e informes al
“Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas”,
del que sus representantes formarán parte junto a
los de los Mandos de Personal, presididos por el Subsecretario de Defensa. Este Consejo analizará
y valorará las propuestas y sugeren-
apoyándome en una formación, quizá superada, o en unos temores no exentos de motivación, por la sencilla razón de que se trata de un derecho que figura expresamente en la Constitución (Art. 22.1) y que ha sido aclarado por el Tribunal Constitucional (sentencia de 31OCT2001): Los militares tienen derecho a integrarse en asociaciones aunque éstas tengan carácter reivindicativo, cosa que prohibía el Art. 181 de las RROO de DIC1978. Para no considerarlas sindicatos, la sentencia establece la diferencia: Sólo éstos pueden adoptar medidas de conflicto colectivo, negociar convenios colectivos o ejercer el derecho de huelga.
Que el asunto no es fácil de desarrollar lo demuestra
el que desde la fecha de la citada sentencia
han transcurrido casi nueve años. Quizá el
antecedente de las Juntas de Defensa de las
Armas, que consideraban sólo alguna de las posibles
actividades de las futuras asociaciones profesionales,
no constituye realmente un estímulo
positivo. Pero aquellos eran otros tiempos, otras
circunstancias de carácter legal y surgieron desde
la oficialidad de las Armas, no como ahora, desde
los poderes Ejecutivo y Legislativo, que podrán
adoptar todas las cautelas convenientes en la redacción
final de la ley.
Observatorio de la vida militar:
Es fácil encontrar en el seno de la
Real Hermandad de Veteranos de las
Fuerzas Armadas y Guardia Civil,
quienes ejercerían con éxito este
nuevo servicio a España.
cias presentadas
sobre condición militar, ejercicio de derechos
y libertades, régimen de personal y condiciones
de vida y trabajo en las unidades. Se podrá reunir
en pleno o por comisiones de cada Ejército, presididos
en este caso por el Mando o Jefe de Personal.
Las actas de sus reuniones pasarán a la
Subsecretaría de Defensa y al Observatorio de la
vida militar para su estudio y consideración.
¿Resultará conveniente que el
Mando siga manteniendo en estos
asuntos la discreción actual?
Se crea el “Observatorio de la vida militar”, órgano
colegiado, de carácter a- sesor y consultivo,
que efectuará informes, análi- sis y propuestas sobre
los mismos asuntos. Estará compuesto por un máxi- mo
de siete miembros ele- gidos por el Congreso
de los Diputados entre perso- nalidades de reconocido
prestigio, para un tiempo de cinco años.
transparencia posible; que el nivel político sepa
discernir y actúe de for- ma que no cree divi- siones,
posibles con el simple apoyo de cual- quier tipo a unos u otros. El desarrollo de esta ley, en fin,
puede afectar positiva o negativamente a la
moral, base funda- mental de las Fuerzas Armadas,
y a su funcio- namiento. Los perjui- cios, cuando
existan, los sufrirán éstas y el ejer- cicio del
mando, no las asociaciones, aunque los hayan
promovido con su actuación.
Militar
Militar
En síntesis, Asociaciones, Observatorio y
Mando intervendrán, al mismo nivel, al menos
formal, en asuntos hasta ahora exclusivos del
Mando, para lo que éste cuenta con amplias estructuras,
bases de conocimiento, dilatada experiencia,
responsabi- lidad, y los cauces jerárquicos
de representativi- dad institucional.
Una vez aprobada la LO y organizadas las asociaciones
se darán circunstancias distintas de funcionamiento
práctico: Mando y asociaciones
recibirán la misma información del Ministerio de
Defensa y ambos presentarán informes, propues- tas
o sugerencias, coincidentes o no. Si se mantie-
ne
el criterio de discreción actual, cuando el
nivel político decida, e incluso antes, la única información
que se difundirá sobre lo actuado procederá
de las asociaciones. Baste como ejemplo
ilustrativo lo que desvela ahora el TG Pedro Pitarch
en su artículo “¿La carrera militar en almoneda?”
(ABC de 18.05.10) sobre la existencia de
unos informes suyos, de abril de 2008 y mismo
mes de 2009, oponiéndose al desarrollo previsto
de algún aspecto de la Ley de la carrera militar,
de noviembre de 2007 –origen de malestar y
cientos de recursos– que no fueron tenidos en
cuenta. Consecuencia inmediata será la distinta
percepción sobre quién se ha preocupado realmente
de resolver los asuntos de personal. La derivada
puede ser el distanciamiento entre los
distintos niveles de las cadenas de mando, desde
el soldado hasta el general, lo que puede perjudicar
a las antes citadas características de las Fuerzas
Armadas. ¿Resultará conveniente que el
Mando siga manteniendo en estos asuntos la discreción
actual? ¿Su información pública rebasaría
los límites establecidos a la “libertad de
expresión de los militares”? Creo que el silencio
resultaría más perjudicial que cualquier consecuencia
que se derivara de la difusión.
Otras circunstancias que pueden surgir y crear
desunión:
Pueden organizarse una o varias asociaciones
de oficiales, suboficiales, tropa, o sin distinción
de categorías. Será normal y legítima la competencia
entre ellas, al aspirar a conseguir los mayores
éxitos en su gestión, lo que puede derivar
en tensiones mutuas y rechazos entre los afiliados
de unas y otras.
Y algo aún más grave: Pueden estimularse o
crearse esas tensiones por quienes en algún momento
tengan interés en introducir el germen de
la discordia o la división en el interior de las
Fuerzas Armadas.

Estos peligros existen. Es conveniente preverlos
y actuar en consecuencia: Estimo fundamental
que los dirigentes de las asociaciones que se
organicen actúen con un elevado espíritu militar,
orientados también en esto por el contenido de las
RROO y dis-
cerniendo siempre sobre la importancia
que tendrá su actuación para el conjunto de
las Fuerzas Armadas, que no deben sufrir ningún
perjuicio en sus fundamentos. También, que la
forma de trabajar se oriente más por el concepto
de colaboración entre asociaciones y de éstas con
el Mando, que por el exceso de competencia que
derive en disparidad de propuestas enfrentadas,
nunca convenientes. Hará falta, pues, generosidad
y altura de miras en todos. Quizá esté pecando de
ingenuo o de poner la esperanza en imposibles;
pero no veo otra solución que apelar a las mejores
virtudes de todos los intervinientes.
Hay otro asunto de interés, el de la composición
del Observatorio de la vida militar: Se establece
que deben ser personalidades de reconocido
prestigio. Considero que ese prestigio debe estar
asentado en el conocimiento del “alma del soldado”
y que cualquier informe, análisis o propuesta
que no tenga esto en cuenta, puede resultar
contraproducente pese a su perfecta estructuración
y respaldo de origen. En consecuencia, es deseable
que una parte significativa de esas personalidades
se elijan entre miembros de las Fuerzas
Armadas en situación de no
actividad, veteranos que
hayan demostrado sobradamente
en su tiempo de servicio
a España su alta
categoría personal, su conocimiento
de lo que supone
el servicio de las
armas, su capacidad de
pensamiento y gestión y
su alto espíritu militar. Y
sólo por dar una idea, creo
que es fácil encontrar en el
seno de la Real Hermandad
de Veteranos de las
Fuerzas Armadas y Guardia
Civil, quienes ejercerían
con éxito este nuevo
servicio a España. Su elección tendría también la ventaja de poder disponer en la Hermandad con una estructura asentada a nivel nacional, en la que contar con infor-
mación y asesoramientos que les resultarían muy útiles.
Esperemos que el legislador acierte en la redacción
de la LO; que las aptitudes y las actitudes
de cuantos intervengan en esta nueva forma de
considerar y resolver asuntos tan importantes,
sean las adecuadas; que el Mando mantenga esta
responsabilidad como irrenunciable, por muchas
asociaciones que existan, y la ejerza con la mayor