Para ello se vale de dos familiares de extracción y circunstancias semejante, repasando con ellos los caminos vitales elegidos por los dos.

Desgraciadamente, Anochecer en Lisboa, más allá de la disquisición política o filosófica, lo que deja patente es la fractura de la sociedad vascongada, de oscuro futuro mientras prevalece en una parte importante de ella la mirada optimista de la excluyente, con verdadera solución.

Su escasez de puntos y aparte, tienen sin duda la conseguida intención del indigesto empacho que ha de producir la alevosa intención de sembrar el odio a la vez que el temor y la inquietud, con la vida insegura en cualquier ocasión, y más cuando, alguien que se siente en peligro, sin las espaldas guardadas, temiendo por la situación en que puede encontrar a su familia cuando vuelva buscando la paz del hogar, sin seguridad ninguna de encontrarla.

El lenguaje, moderno y atrevido, como corresponde al tiempo y al suceso, no deja de ser correcto, exacto y apropiado, suficiente para responder a le sección narrativa, en que la editorial inserta el libro y satisfacer al que busca la descripción de un tema hiriente, combativo, que no haga ocioso su símbolo del hacha y la serpiente.

Arinas, es un puro novelista, más que nada, si bien licenciado en Geografía e Historia por la Universidad del País Vasco, cuyas dos recientes novelas, ya celebradas, son Los años infames y Gaitajolea, ambas de 2007.

En Anochecer en Lisboa, el autor hace un alarde que el lector agradece por doble razón, la estética y la oportunidad, aunque no es la menor, el poder penetrar en un mundo de difícil comprensión para casi todos nosotros como es el de ETA y todos sus alrededores.

Aquí se nos plantea de forma inteligente el tema del arrepentimiento y la reinserción en ese entorno, cosa que parece imposible, y para el novelista no lo es.

Porque un Cantar se canta, y suele novelarse para que intrigue, divierta y no canse. Pero se daba por histórico en la biografía que Manuel José Quintana escribió en 1807, y no habría otra que la mejorase. Hasta entonces, biografía como tal, no había otra más moderna. La crítica obra de don Ramón, sería crítica, pero no para especialistas, porque la síntesis, muy limitada al Cid, de 246 páginas, tendrá ya más de 12 ediciones.

De la “novela”¿qué diré? Primero, perdonar lo poco extraño encontrado hasta ahora, perdonable. En la página 196 parece llamar don Alberico al abad de Cárdena. Si es así, le digo que el Cantar, le llama Sancius, siendo Santius. ¿Diferencia? Mucha. Porque llamándose fray Sisebuto, y teniendo su altar, ya era llamado en vida “el abad Santo”, de donde viene la confusión, y pienso que es así el dicho de “al buen callar llaman Sancho”, –no sé si incluso está en el Quijote, acaso no– pero ha de ser el mismo error, que “al buen callar llaman santo”. Perdón es cosa mía. En su página 250 dice que los restos del Cid descansan “en el crucero de la catedral burgalesa”. La piedra no es rosa. Y lo malo es que la gente sencilla admite que el RODERICUS DIDACI CAMPIDOCTOR, de la lápida sea el Cid. Hay que saber mucho para leer EXIMINAUXOR EIVS, como Jimena esposa suya.

A todo esto, la novelización muy buena, muy literaria, dramática e histórica. Muy bien. Menéndez Pidal también escribió bien, pero con menos misterio, menos divertido y emocionante
Libros
Libros
  Anochecer en Lisboa
   Txema Arinas García
   Editorial Akrón. Astorga (León). 2008.
   Cid Campeador
    Eduardo Martínez Rico
    Editorial Imágica: HistoriaMítica S.L. Madrid 2008.
Lo nuevo que leamos del Cid nos extraña. Consuélese el autor de que algo le encontramos. Buscando ilustraciones del fotógrafo, cuando su estatua se estrenaba en Burgos, nos atendió la hija, y preguntaba: ¿Pero el Cid ha existido, no dicen que es un héroe legendario?

Y vista la película de Anthony Mann, algunos burgaleses reparaban, las faltas del timo del cofre a los judíos, de la afrenta de Corpes con Elvira y Sol desnuditas, del ganar la batalla cabalgando muerto. No les gustaba. Faltaban demasiadas cosas.

Todo eso y mucho más logró deslindar Menéndez Pidal en su España del Cid de 1929 lentamente comprobado como leyenda, que adorna al Cantar de Mío Cid, en 1207.
J.M.G.
J.M.G.
   Dos visiones de España
    Manuel Azaña y Ortega y Gasset
    Galaxia Gutemberg, (Círculo de Lectores). Barcelona 2005.

Sesenta años después, dice la presentación de este libro, “el debate sigue abierto”. En 1931, en las Cortes Españolas dos hombres de ideología distinta se encontraron exponiendo su visión de España, si bien ambos habían contribuido a la llegada de la República, estaba claro que su visión de la misma y su forma de conducirla era notoriamente distinta.

En las sesiones parlamentarias que se celebraron en aquel mes de mayo de 1932 se reflejaron dos concepciones de España defendidas con toda intensidad por dos figuras claves de la política y la filosofía española, Azaña y Ortega, ambos oradores brillantes y, en cierta medida, contradictorios, presentaron su tesis sobre la realidad de la España que ellos entendían y deseaban.

Leídos después de más de setenta años los discursos sobre el estatuto de Cataluña pronunciados por estos dos hombres pueden provocar la sensación de que algunos problemas de entonces siguen abiertos, no obstante, los españoles ya no somos los mismos y nuestra Patria va alcanzando sus metas, pero sí debemos tener en consideración que la historia está condenada a repetirse para aquéllos que pretenden olvidarla.

Los hechos narrados en este caso se ven complejos en el tiempo, como la vida misma, y el lector agradece que no se le ofrezcan simples, como si fueran una verdad inamovible sino con el emocionado rigor de la búsqueda de la verdad que compromete en este caso a los dos escritores y que convierten la estructura de los discursos en un entramado de hilos que se entrecruzan entre los argumentos que los componen como se explica en la presentación del libro. Ante el reto de la historia, este libro responde a una reivindicación de la memoria como la mejor fórmula para que la sociedad actual española sepa algo más de sí misma por encima de los estereotipos al uso. Un libro importante para enfrentarse a las crisis de la vida de cada día en nuestra patria.

La firmeza de los valores patrios y su vigencia pese al tiempo son las mejores medicinas, y con ello la seguridad de que la España Total no debe conformarse con la monotonía del quehacer diario y de la misma forma así debe ocurrir en cada una de las regiones que conforman la indivisible España.

Recomendamos la lectura pensando que el conocimiento de lo expresado en las páginas de esta obra refleja una realidad que debemos controlar para seguir avanzando, sin olvidar lo que nuestros mayores y nosotros mismos hemos edificado en más de 2000 años de historia.
P. Ramírez Verdún