VII CENTENARIO DE LA MUERTE DEL
“Héroe de Tarifa”
El Monasterio Jerónimo de
“San Isidoro del Campo”,
Guzmán el Bueno
Francisco Ruiz de la Cuesta
Doctor en Medicina
H
istórico y legendario monasterio
ubicado en la población sevillana
de Santiponce, fundado por “Guzmán
el Bueno”, el héroe de Tarifa
–Alonso Pérez de Guzmán– y su
mujer, María Alonso Coronel, el año 1301.
Es llamado “San Isidoro del Campo” porque
aquí la antigua capilla donde se enterró a San
Isidoro de Sevilla el gran arzobispo hispalense,
nacido en Cartagena, hermano de San Fulgencio,
Santa Florentina y San Leandro, los cuatro hijos
del duque de la provincia cartaginesa, Severiano
y Teodora su esposa, que vinieron por motivos políticos a vivir en Sevilla.
El 10 de abril de 1872 fue declarado Monumento
Artístico Nacional, el primero de la provincia
de Sevilla.
Sus estilos góticos y mudéjar son sorprendentes,
destacando el cenobio y la sala capitular,
como góticos y el “Claustro de los Muertos”, mudéjar.
El monasterio consta de dos iglesias, siendo la
más antigua la que conserva el retablo magno de
Martínez Montañés, la joya del recinto, con el insuperable
San Jerónimo.
El monasterio, recientemente restaurado, después
de doce años de trabajos y seis millones de
euros en gastos, encierra un variopinto encanto.
Contraste asombroso. Tesoro de Andalucía. Subyuga
porque cobija un monumento inolvidable,
unas obras de arte famosas que se funden en un
escenario de dimensiones místicas. Abierto para
su visita y el turismo, contiene todo lo que necesita
el viajero para enamorarse del recinto. Visita
imprescindible. La Historia es eje de su encuentro.
Monasterio sentimental lleno de arte. Inspiración
para músicos, pintores, escritores y
artistas, al ser mágica su hidalguía.
Se cumplen ahora los siete siglos de la muerte
de “Guzmán el Bueno”, en la sierra de Gaucín
(Málaga) –1309– a la edad de 54 años.
La villa de Santiponce está a escasos kilómetros
de Sevilla, en la llamada “Ruta de la Plata”
camino de Extremadura, por la carretera de Mérida.
El viajero se encuentra con dos manifestaciones
turísticas importantísimas; a la izquierda,
las ruinas y el anfiteatro romano de Itálica, y a la
derecha, entrando en Santiponce, el monasterio
de San Isidoro del Campo.
Dice la historia que la entonces aldea, la compró
don Alonso Pérez de Guzmán, “Guzmán el
Bueno” y su mujer, doña María, a la esposa del
rey Sancho IV el Bravo, doña María de Molina,
propietaria de estos terrenos, para construirse un
monasterio donde reposaran sus restos… Fundaron
el monasterio en el mismo lugar donde se encontraba
la antigua capilla que albergó los restos
del gran arzobispo sevillano. Temerosos los reyes
castellanos que la iglesia y los restos de tan peclaro
santo fueran profanados por los árabes, organizaron
su traslado, primero a Sevilla, luego a
Burgos y más tarde a León, donde actualmente reposan.
En 1301 se fundó el monasterio, siendo regido
por los monjes bernardos cistercienses hasta 1431
que llegaron los ermitaños de San Jerónimo.
El 2 de diciembre de 1547 murió en Castilleja
de la Cuesta (Sevilla), en el palacio de los marqueses
de Medina Sidonia, Hernán Cortés, que
fue enterrado en el monasterio de San Isidoro,
permaneciendo allí su sepultura hasta que fue llevado
a Méjico, a la iglesia de Jesús.
En 1568 fue ocupado por otros monjes de la
misma orden de San Jerónimo. Llegada la primera
mitad del siglo XIX el lugar fue prisión de
mujeres. Después, fábrica de malta y tabaco.


Arriba a la izquierda,
la entrada al Monasterio.
A la izquierda, lugar
donde reposan los restos
de “Guzmán, El Bueno”.
El monasterio se fundó
en el año 1301.
El altar mayor de una de las iglesias es obra de
Juan Martínez Montañés, de 1613, con la escultura
de San Jerónimo. Montañés hizo, también,
las estatuas orantes de los sepulcros de “Guzmán
el Bueno” y de su mujer doña María.
El viajero visita las dos iglesias. La primera,
con los restos de sus fundadores. La segunda,
mandada construir por el hijo de don Alonso, don
Juan Pérez de Guzmán, tiene su sepultura en el
lado del Evangelio, estatua yacente, de mármol
blanco.
En la pared de la Epístola está el sepulcro de
doña Urraca Osorio de Lara, con estatua, también,
de mármol blanco. Su historia es altamente
interesante: Doña Urraca murió quemada en la
Alameda de Hércules de Sevilla por orden del rey
don Pedro el Cruel, corría el año 1367. Fue muy
comentada tal ejecución al ser acusada de traición
por seguir a los Trastamara. Con entereza y
silencio subió a la que sería su hoguera. El verdugo
prendió el
fuego. Doña Urraca al ver que el aire caliente levantaba sus vestidos y dejaba ver la desnudez de su cuerpo, gritó horrorizada “¡No, vergüenza no, muerte sí, pero vergüenza no!”…
Tenía doña Urraca como ahijada a Leonor Dávalos
de Navarra, hija del heróico Lope Fernández
Dávalo, que murió en combate cuando los
moros de Granada atacaban Úbeda. La madre de
Leonor murió en el parto. Doña Urraca la acogió
y educó como a una hija… Viendo la joven cómo
su madrina sollozaba de vergüenza, se abrazó a
ella, tapándola, muriendo también en la hoguera…
A los pies del sepulcro de doña Urraca
hay una pequeña estatua que pasa desapercibida al visitante. Es el recuerdo a Leonor Dávalos, que
vivió y murió al lado de la que fue como su
madre.
En este lugar se cultivan los entresijos velados,
compases del convento, torres, iglesias, sepulturas
y claustros de paradigmas flamantes. Visionaria
composición de una arquitectura donde
domina la historia.
Se vislumbra lo mágico en los patios y bóvedas
de este monasterio que invita al visitante a recrearse
en su pasado.
Herencia y cultura de siglos; inspiración del
arte. Marco de filigrana acompasada, consecuencia
de variadas épocas que en este cenobio convivieron
y se asentaron a través de los siglos.