l cumplirse algo más de dos años desde que me elegisteis Presidente de la Real Hermandad quisiera
hacer unas reflexiones personales en relación con el tiempo que llevo en el cargo.
Lo primero que tengo que decir es que estoy encantado, gratificado y satisfecho de haber compartido
este tiempo con vosotros y lo mejor de este sentimiento interior que tengo, es, la certeza de que cuando
pase más tiempo estos sentimientos serán más fuertes todavía. Es la ventaja que tiene la Real Hermandad:
que cuanto más tiempo llevas en ella, más la amas y más orgulloso te sientes de estar en sus filas.
Uno cree saberlo todo después de más de cincuenta años de servicio pero no es así, cada día descubres
algo nuevo de Tierra, Mar, Aire o de la Guardia Civil que no sabías; en la Real Hermandad hacemos un
“master” sobre los Ejércitos y la Guardia Civil mientras somos socios, o sea siempre. Porque como decía
el General Mac Arthur “los viejos soldados nunca mueren, sencillamente se desvanecen”. Por eso sigo
sin comprender por qué nos cuesta tanto captar nuevos socios. Tenemos que llevar al ánimo de todos nuestros
compañeros, ellos y ellas, que el lugar donde mejor pueden estar cuando se retiren de la vida activa
es la Real Hermandad, y este lugar en el que ya estamos muchos (30.000) pueden ocuparlo YA, no hay
que esperar a retirarse, porque perdonad la insistencia: NO NOS RETIRAMOS NUNCA. Ésta es una de
las misiones que tenemos pendientes de cumplir, ir a todas las Unidades, Centros y Organismos a informar
y darnos a conocer. Disponemos de 55 Delegaciones que están dispuestas a cumplir la misión a la
voz de “ya” y por supuesto, yo, como Presidente, también.
No obstante, y a pesar de lo dicho, no conviene instalarse en la autocomplacencia, todo es perfectible.
Se da el caso, con relativa frecuencia, que algunos de nuestros compañeros que son Presidentes de algunas
de nuestras Delegaciones y que llevan en el cargo más de una legislatura, es decir, más de cuatro años,
al que accedieron voluntariamente y generosamente, después de diez años, por ejemplo, desean ser relevados
del cargo por motivos personales y no hay el compañero que acuda a la llamada para relevarlo.
Ante estas situaciones debemos reaccionar fieles al Credo Legionario que en toda circunstancia debe informar
nuestra vida militar: “No abandonar nunca al compañero en el campo de batalla” perdonad que
la cita no sea literal, pero creo que es respetuosa con el espíritu que la anima y que le dio nuestro inolvidable
General Millán Astray. El campo de batalla puede aparecérsenos bajo diversas formas. En el momento
presente el campo de batalla de los veteranos es la Real Hermandad, ahí es donde tenemos que
quemar nuestras energías. Es cierto que los españoles solemos reaccionar bien ante situaciones límite que
exigen una buena dosis de heroísmo, pero cuando ese heroísmo hay que dosificarlo día a día hasta el final,
se nos da peor. Así que os animo a que seáis generosos y acudáis, libre y espontáneamente,
al puesto de mayor riesgo y fatiga con la firme voluntad y
determinación de que “todo servicio en paz o en guerra se hará con igual
puntualidad y desvelo que al frente del enemigo”.
EDUARDO GONZÁLEZ-GALLARZA MORALES
PRESIDENTE NACIONAL