"Llevas sangre y llevas oro ..."
Ignacio Martínez Eiroa
Teniente General del Aire
EL HOMBRE NO PUEDE VIVIR
SIN LOS SÍMBOLOS.
LA BANDERA ES EL SÍMBOLO
DE LA PATRIA, EL ACERVO
ESPIRITUAL Y MATERIAL QUE
HEREDAMOS DE NUESTROS
ANTEPASADOS Y DEBEMOS
TRANSMITIR A NUESTROS
SUCESORES. LA BANDERA
REPRESENTA A LA NACIÓN
CUANDO LA PATRIA ESTÁ
RECONOCIDA COMO TAL
INTERNACIONALMENTE.

Lo lamentable es que este rescate no se pagó
sólo con dinero, se pago también, y muy caro,
con prestigio internacional. ¿Había algún procedimiento para salvar esas treinta y seis vidas humanas
conservando el prestigio y sentando un
precedente de voluntad y decisión de emplear la
potencia militar de que disponemos en defensa
de la libertad y la justicia? Se empleó
el procedimiento que, a primera vista,
comportaba menos riesgos, pero en cualquier
decisión que adoptamos a lo largo de
nuestra existencia hay un riesgo inmediato
y un riesgo futuro. En ocasiones, y los
ejemplos son muchos, es preciso asumir el
riesgo inmediato para evitar el riesgo futuro
que supondría un mal mayor. Los delitos
que no son castigados aseguran la
reincidencia y son un semillero de delincuentes.
Un castigo justo puede impedir
nuevos delitos: “¡Guarda, que es podenco!”
–decía el loco de Córdoba, citado
por Cervantes en El Quijote– a la vista de
un perro de cualquier raza después de ser
castigado por maltratar al podenco del boticario,
el cual lo tenía en gran estima.
Cuando la vida de los tripulantes del
barco estaba ya garantizada se aplicó la
táctica de “a enemigo que huye puente de
plata”, ¿por qué no se empleó la de “a enemigo
que huye plomo caliente”?, si no en
su acepción menos humanitaria si en la de
capturarlos, recuperar el rescate y entregarlos
a un tribunal de justicia, como hizo
la Armada Francesa en el caso del yate
francés “Le Ponant” y el velero de la
misma nacionalidad “Carré d’As”, y así
impedir que cunda el mal ejemplo. Esta es
la pregunta que se hace el hombre de la
calle, –ignorante legión en la que milito–,
que se pregunta también ¿qué hacen nuestras
fragatas en el Índico si la piratería no
está contemplada como delito en nuestro Código
Penal?
Vivir es un riesgo, y vivir en la mar un riesgo mayor. Cualquiera que elija la cubierta de un
barco como su hábitat natural sabe que, antes o
después, tendrá que mirar cara a cara a la muerte,
si bien eso lo sabemos todos los humanos aunque
ignoremos el cómo y el cuándo. (Estadísticamente,
es más peligroso procla- marse español en
algunos pueblos de nuestra Patria que pescar el
atún rojo en el Índico).
El apresamiento del atunero llamado “Alakrana”,
por delincuentes somalíes ha tenido un
aspecto positivo: la bandera española se ha revalorizado
para los españoles, muchos han comprendido
que sirve para algo más que para lucirla
en los desfiles. Incluso aquellos que reniegan de
su nacionalidad, que no se consideran españoles,
que, tal vez en alguna ocasión desgraciada, han
insultado, destrozado o quemado la bandera, y
que, en el mejor de los casos la ignoran, han podido
advertir que cuando vienen mal dadas representa
y ampara a cuantos nacieron a su
sombra.
Muchos pudimos ver en algunos programas de
televisión una esposa angustiada por el grave peligro
que corría la vida de su marido. En medio de
su natural congoja decía entre sollozos: “…no
quiero una banderita española...” sin advertir
que lo único que podía garantizar la vida de su
marido y del resto de los tripulantes, la mayor
parte extranjeros, era el esfuerzo de la nación representada
por la banderita española.
La nacionalidad de un buque en la mar se define
por su bandera, su nombre y su matrícula o registro. El citado atunero navegaba sin bandera,
su nombre no era español, y de treinta y seis tripulantes,
veinte eran extranjeros, pero el hecho
de estar inscrito en los registros españoles acreditaba
que era un buque español. De los dieciséis
españoles ocho eran gallegos y otros tantos, vascos.
Galicia es mi patria chica, pero mi preocupación
por la vida de los ocho tripulantes vascos
era la misma que por la de los ocho gallegos.
Todos son mis compatriotas, todos son españoles,
todos nacieron bajo mi bandera. Si el rescate
hubiera habido que pagarlo a escote, yo habría
contribuido al pago voluntariamente sin arrogarme
por eso ningún mérito. Son de los míos.
Sin embargo, y me avergüenzo de mi falta de humanidad
sólo por pensarlo, tal vez no habría contribuido
de tan buen grado al rescate de los ocho
indonesios, de los pobres senegaleses, o de los
naturales de Ghana, Costa de Marfil, Madagascar
o Seychelles que tripulaban el mismo barco.
Lo habría hecho, pero para ello habría tenido que
esforzarme en izar una bandera más alta que la
nuestra, la de la fraternidad humana, la que todos
izamos cuando la desgracia nos toca de cerca, nos
tiende su mano y nos mira a los ojos, pero que
permanece al pie del mástil cuando la tragedia no
nos conmueve porque es una simple noticia del
periódico.
De los 98 actos de piratería perpetrados en la
costa de Somalia durante el año 2008 sólo nos
afectó el del “Playa de Bakio” abordado y secuestrado
el 20 de Abril de dicho año y liberado
tras pagar el rescate exigido por los piratas. Dicha
acción y la actual liberación del “Alakrana” nos
indican que el término “nación” tiene un significado
práctico de gran valor.
LA NACIONALIDAD DE
UN BUQUE EN LA MAR SE
DEFINE POR SU BANDERA,
SU NOMBRE Y SU MATRÍCULA
O REGISTRO.
material que heredamos de nuestros antepasados
y debemos transmitir a nuestros
sucesores. La bandera representa a la Nación
cuando la Patria está reconocida como tal internacionalmente.
Es decir, la bandera representa lo
que somos y lo que tenemos, y es, por añadidura,
un salvoconducto y un escudo, significa protección
y amparo para todos aquellos que por nacimiento
o por adopción son ciudadanos de la
nación representada por esa bandera. Es símbolo
del grupo en el cual estamos integrados y con respecto
al cual tenemos derechos y obligaciones.
Nunca estamos solos, formamos parte de una comunidad
humana –a la que necesitamos física y
psicológicamente para sobrevivir– y que nos
acompaña desde la cuna al ataúd.
a bandera es un símbolo. ¡Cuidado con los símbolos!
–escribí en una ocasión–. El hombre es un
animal simbólico. Si destruimos los símbolos
destruimos la civilización. Destruimos al hombre.
Mediante los símbolos pasamos de lo concreto
a lo abstracto. Un objeto material, una
figura, un simple dibujo, nos permiten representar
y transmitir una idea. El cero –símbolo de la
nada– hizo posible el desarrollo de las matemáticas.
No amamos y respetamos el símbolo por sí
mismo sino por lo que representa. Reducir la bandera
a un simple trapo, amputándole su dimensión
espiritual, es tanto como reducir un ser
humano a un puñado de hidrógeno, oxígeno y
calcio, con pequeños añadidos de otros minerales.
El hombre no puede vivir sin los símbolos. La bandera es el símbolo de la Patria, el acervo espiritual y
"Llevas sangre y llevas oro ..."
Ser apresado por piratas no es nada nuevo para
los navegantes españoles. Actualmente existen
más piratas que en el siglo XVI, y mejor armados,
y la costa del Cuerno de África es, hoy, la
más peligrosa del mundo Los tripulantes del
“Alakrana” lo sabían, y no ignoraban que el
riesgo era mayor si se alejaban de la zona de protección
indirecta que proporciona la operación
“Atalanta” cuya misión es garantizar el tránsito
a los buques del Programa Mundial de Alimentos,
y, a la vez, “la protección de buques
vulnerables que naveguen frente a las
costas de Somalia así como a la disuasión,
prevención y represión de los actos
de piratería y de robo a mano armada
frente a las costas de Somalia”. Nuestros
marineros apostaron fuerte y salió una
mala carta. Por fortuna, su Patria, su Nación,
su Bandera, estuvo al quite (DRAE:
“estar preparado para salir en defensa de
alguno”) y todos los tripulantes pudieron
volver, sanos y salvos, a pisar la tierra en
que habían nacido. Una aventura con
final feliz que deja en el aire un interrogante:
¿por qué no se empleó la fuerza? y
un dilema moral ¿es lícito el empleo de
la fuerza? Nos dice el Evangelio que si
somos abofeteados debemos poner la otra
mejilla. Pero nuestra mejilla, no la de los
otros.
Tanto para un individuo como para una
nación puede estar justificado el empleo
de la fuerza, y, en este caso y similares
que sucedan, las resoluciones 1814, 1816
y 1838, del Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas, parece que lo justifican,
aunque deba prevalecer siempre el
interés superior de la vida de los secuestrados.
Por otra parte, el Catecismo de la Iglesia
dice en su artículo 2265: “La legítima
defensa puede ser no solamente un derecho,
sino un deber grave para el que es
responsable de la vida de otro, del bien
común de la familia o de la sociedad”.
Y el artículo 2266 dice en su párrafo final: ”…quienes poseen la autoridad tienen el
derecho de rechazar por medio de las armas a los
agresores de la sociedad que tienen a su cargo”.
También el Derecho Internacional, desde sus
principios, justifica el empleo de la fuerza. Nuestro
compatriota, Francisco de Vitoria
SÍ, ES LÍCITO EL EMPLEO
DE LA FUERZA EN DEFENSA
DE UNA CAUSA JUSTA Y
EN PROPORCIÓN A LA
AMENAZA; ES NO SÓLO UN
DERECHO SINO UN DEBER
GRAVE PARA EL RESPONSABLE
DE LA VIDA DE OTRO, DEL
BIEN COMÚN DE LA
FAMILIA O DE LA SOCIEDAD.
(1486- 1546) considerado fundador de tal Derecho, autor del tratado De jure belli, escribía “si para la defensa bastare empuñar el escudo no debe esgrimirse la espada”, dando por bueno el uso de las armas y recomendando la adecuada proporción en su empleo.
Sí, es lícito el empleo de la fuerza en defensa de una causa justa y en proporción a la amenaza; es no sólo un derecho sino un deber grave para el responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.
Si un gobierno duda de la licitud del empleo de la fuerza cuando las circunstancias lo requieran, no se justifica la existencia de las Fuerzas Armadas. Si existen Ejércitos todo el que viste uniforme debe estar dispuesto a combatir con voluntad de vencer siempre que reciba la orden de hacerlo, y el respectivo gobierno debe estar decidido a dar esta orden y hacérselo saber así al presunto enemigo. Y a los propios ciudadanos.
Y el conjunto de los ciudadanos ha de ser consciente de que la soberanía e independencia de su Patria dependen, en último extremo, de la existencia de esos hombres que cuando juraron la bandera que nos representa a todos no estaban comprometiéndose a defender un trozo de tela, más o menos rica, se comprometían a defenderlos a ellos y a sus derechos.
EL CONJUNTO DE LOS CIUDADANOS HA DE SER CONSCIENTE
DE QUE LA SOBERANÍA E INDEPENDENCIA DE SU PATRIA
DEPENDEN, EN ÚLTIMO EXTREMO, DE LA EXISTENCIA DE ESOS
HOMBRES QUE CUANDO JURARON LA BANDERA QUE NOS
REPRESENTA A TODOS NO ESTABAN COMPROMETIÉNDOSE A
DEFENDER UN TROZO DE TELA, MÁS O MENOS RICA, SE
COMPROMETÍAN A DEFENDERLOS A ELLOS Y A SUS DERECHOS.