ópez Medel es Filósofo del Derecho y Ciencias Sociales. Consejero Togado del
Ejército del Aire, Miembro de la Academia de Doctores, de Jurisprudencia y Legislación,
comentarista orteguiano, querido paisano “darocense” de Mingote, que
“se honra en ilustrar el libro con sus dibujos”.
Pero lo que es interesar, interesa sobre todo, ese “Prólogo sobre un rito obligado”
donde Juan Velarde nos dice que “al cerrar este libro retumba de sus páginas un
grito, pues la generación de 1947 hizo un esfuerzo colosal para que concluyese una
gran contienda entre españoles, comenzada en el siglo XVII prolongada el XVIII
entre el partido de los ilustrados y el “español”, entre liberales y absolutistas; con
cristinos y carlistas, moderados y progresistas, a partir de 1848 y el Manifiesto Comunista,
con bakunistas, y marxistas, frente a los tradicionales; en el siglo XX, y
la pugna entre los llamados “republicanos” y “nacionales”, que cristalizó en tres
años sangrientos.
Se diría que en el libro de López Medel ha predominado al contemplar a España
sin adjetivo, en una encrucijada en crisis, “desvertebrada”. Necesitada, una vez
más, de encontrar su auténtico camino. Aunque sea más allá de las “rotondas” sucesivas
que acomplejan su futuro: el laicismo, el ejército, la iglesia, la educación,
el terrorismo, los estatutos, la economía, el ecosistema, moral-familiar, abortos, eutanasia,
corrupción, mediocridad, mentira (Revel), etc. En definitiva, el modelo de
sociedad y el territorial, ¿son los mismos de la CE de 1978? ¿Se ha dado el consenso
para esa “transición”? hay en la obra elementos para hacer pensar el gran problema
de España, según Ortega, No será difícil reencontrar una salida a las encrucijadas,
necesitada de una aclaración en algunos puntos concretos de los anotados: independencia
del Poder Judicial, el Ejército como institución, el adoctrinamiento escolar,
el papel de los sindicatos en la crisis económica, la higienización de la vida
pública, secuestro del Derecho, desbordamiento nacionalista, etc. ¿Estamos pues, ante una “Segunda Transición? ¿Será Posible
una reimpresión del consenso? Con Pacto del
Estado y devolver la ilusión al pueblo español,
habría esperanza.
En su capítulo XIV habla, de hombres muy
distintos. De Adolfo Suárez “amigo”, por la
vieja amistad que tuvo y tiene de él. Dice que
cuando tras el funeral por Leopoldo Calvo-
Sotelo, –con la nueva etapa de la ministra de
Defensa– anticipó la idea de suprimir los funerales
de Estado, le vino a la mente Adolfo
Suárez. Si le hubiesen concedido el Toisón de
Oro, pese a todas sus vicisitudes, lo hubiera
recibido con la sabia y santa ingenuidad de un
niño grande.
López Anglada, fue más amigo mío. Me
quedo con esto: “Era todo naturalidad, ternura,
con el fino sentido de lo bello, lo rítmico,
lo palpitante. Era generoso, cordial, sus
dotes de mando eran servir a los demás desde
su ángulo íntimo, la literatura. Cojo de guerra,
su sinuidad en los mucho caminos recorridos”.
Fue pionero de la auténtica Cultura de
Defensa.
A Francisco Umbral le llama “regene- racionista”,
y dice de él que hubiera de- seado redactar
su columna reflejando su pensamiento.
También recoge de Umbral la expresión:
“Moriré en presente, como los árboles, que
mueren de pie”.
En las propias “confesiones” de Umbral hay
un tono de “reconversión” conti- nuada, intemporal
si se quiere, día a día. Escritor y autor,
hizo de su palabra voz poética, que convertía
en poesía la prosa de sus columnas. Llenas de
vidas de personajes, una palabra con frecuencia
académicamente subrayada y académica- mente
creadora. Con mezcla de ironía, de
ternura, de melancolía.
Como fueron sus momentos vitales, de los
que no pudo soslayarse. No pudo conocer a su
padre, ni por tanto dedicarle unas líneas. El
hijo murió de leucemia, otra experiencia que
le faltó en aquellos primeros pasos pucelanos
que conocimos de cerca. Apenas fue un año a
la escuela.
Junto a su humanidad tuvo, dentro de su
tono poético un sentido regeneracionista. En
aquel presente del pasado, presente del presente
y presente del futuro, (San Agustín) lo
que los hipercríticos llamaban su evolución
agnóstica, era una fuerte sacudida patriótica
para superar, con el látigo de su palabra, lo
que, “el león de Graus” –Joaquín Costa– hizo
de “pan y escuela” en el regeneracionismo de
España.