n el número de noviembre de esta revista, publicábamos la primera parte de este artículo, que se refería a los criterios generales que, a nuestro juicio, debían regir la organización de las Fuerzas Armadas (FAS) españolas en el momento actual. En esta segunda parte, vamos a detallar un poco más lo referente a la Fuerza Terrestre, al Ejército de Tierra (ET), aportando algunas ideas sin pretender tampoco presentar un estudio completo que no es objeto ni de este artículo ni de esta revista.

Como decíamos en el número anterior, en primer lugar hay que tener en cuenta que el Ejército de Tierra no debe ser considerado simplemente como un componente más de las FAS que opera conjuntamente con los otros dos. Debe considerarse más bien como parte integrante de aquellas, a las que proporciona las capacidades que le son específicas y que debe poseer para contribuir a la capacidad total que el Estado necesita en sus FAS. Hay que abandonar ya la vieja teoría de que los tres componentes, Tierra, Mar y Aire son instituciones autónomas y casi autárquicas que para las operaciones proporcionan elementos que actúan conjuntamente, codo con codo y al mismo nivel y partir en cambio del concepto de Fuerzas Armadas como un todo integrador de las capacidades del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire.

Con esa idea, lo mismo que los otros dos componentes, el ET debe estar organizado de forma que favorezca esta integración y permita la instrucción y adiestramiento de sus unidades, tratando de llegar a la máxima eficiencia y evitando duplicidades y redundancias con la Armada y el Ejército del Aire. Cada componente debe dedicarse fundamentalmente a lograr y mantener las capacidades para las que está creado, teniendo en cuenta las especificidades que le son propias, incluido el necesario espíritu de cuerpo, basado también en el respeto a la tradición y en las necesarias señas de identidad que generan su especial idiosincrasia pero teniendo en cuenta que deben integrarse en un todo superior como son las FAS.

De acuerdo con lo que también se expuso, el Ejército debe dotarse teniendo en cuenta la hipótesis más probable de actuación pero cubriéndose de la más peligrosa y siempre de acuerdo con el orden de prioridad establecido. Así como durante la Guerra Fría y los acuerdos de coordinación con la OTAN la prioridad en las FAS la tenían las misiones aeronavales, quedando el ET. con una misión más bien secundaria de defensa del territorio como retaguardia del despliegue en Centroeuropa, hoy en día las misiones en el exterior son las que ocupan el primer lugar en probabilidad y prioridad y estas misiones deben ser desempeñadas fundamentalmente por fuerzas terrestres que lógicamente deben pertenecer al ET, tratando de evitar el crear y mantener unidades de combate terrestre en los otros componentes, que distraen recursos humanos y materiales y van en contra de las más elementales reglas de la eficiencia. La función crea y mantiene el órgano pero a veces este principio se prostituye cuando al no ser necesaria o prioritaria la función, se crea el órgano y luego se reclama esa función so pretexto de que ya existe el órgano.
La Fuerza Terrestre
Luis Feliú Ortega
Tte. General del Ejército
Aunque para formar los contingentes deben respetarse todo lo posible
los lazos orgánicos, es impensable que vayan a poderse emplear
siempre unidades completas con todos sus cuadros de mando.

Por ello, la unidad Regimiento (o similar), sobre todo en Infantería y
Caballería, como unidad de encuadramiento, de generación de fuerzas
e incluso depositaria de la tradición y del necesario espíritu de cuerpo,
se considera esencial.
La Fuerza Terrestre
E
que España necesita
res y transmisiones con respecto al total del Ejercito. Son éstas las que deben recibir la prioridad para dotarlas de personal y material. Siempre, no nos cansaremos de repetir, sin olvidar mantener unas capacidades mínimas pero suficientes de combate convencional que aseguren la necesaria disuasión y en su caso defensa de nuestros intereses, cosa que no hay que fiar a la improvisación.
Las Fuerzas Armadas
Las Fuerzas Armadas
De esta forma las unidades de las especialidades citadas deberían estar al completo, mientras las del resto mantendrían un mínimo que asegurara la instrucción de cuadros y tropa, el adiestramiento de un mínimo de unidades y el mantenimiento del material. En cualquier caso, la instrucción básica del fusilero debe garantizarse en todas ellas.

Aunque para formar los contingentes deben respetarse todo lo posible los lazos orgánicos, es impensable que vayan a poderse emplear siempre unidades completas con todos sus cuadros de mando. Por ello, la unidad Regimiento (o similar), sobre todo en Infantería y Caballería, como unidad de encuadramiento, de generación de fuerzas e incluso depositaria de la tradición y del necesario espíritu de cuerpo, se considera esencial. Con ello, los jefes de Batallón y Grupo se pueden dedicar más intensamente al adiestramiento de su unidad.
Antes de terminar la exposición de estas ideas me gustaría incluir algo sobre los cuadros de mando que nuestro ET necesita. Nuestros mandos necesitan ante todo eso: ser mandos, es decir ser líderes y dominar las técnicas y tácticas de las unidades que tienen en sus manos. Además necesitan ser cultos, tener una mente cultivada para poder relacionarse adecuadamente con los demás estratos de la sociedad de la que forman parte y hoy cada vez más con los elementos civiles, diplomáticos y políticos. Si esto requiere acudir o relacionarse con la Universidad, habrá que hacerlo, pero sin olvidar en absoluto lo anterior. La creación del Cuerpo General de las Armas ha sido un gran avance pero ello no debe llevarnos a ignorar o destruir el necesario espíritu de Arma, “diferenciador dentro de la necesaria unidad”. Por último no debemos olvidar a nuestros cuadros de Estado Mayor que siguen siendo absolutamente necesarios y no sólo para los llamados Estados Mayores Conjuntos y Conjunto- Combinados sino también para los propios del ET que requieren una formación especial, no sólo en conocimientos sino en mentalidad, cosa que no es tan necesaria en los otros componentes y que por ese afán de igualar –frecuentemente por abajo– quizás se esté perdiendo.

Especial atención merecen los suboficiales que no son solamente el escalón intermedio entre los oficiales y la tropa sino que debido a la sofisticación de los materiales deben ser verdaderos técnicos en su manejo.

Aunque hay opiniones para todos los gustos, los materiales y equipo que actualmente posee el Ejército están en general en línea con los que poseen otras naciones y por lo tanto son de la adecuada calidad aunque no se disponga de ellos en cantidad suficiente y quizás falten algunos tipos concretos pero sobre todo, los presupuestos actuales no deberían comprometer su mantenimiento. Se ha hablado mucho de los vehículos para misiones en el exterior.

Es verdad que los BMR,s. son ya viejos y sobre todo no estaban concebidos para este tipo de misiones de patrulla en escenarios de guerra irregular. Los que actualmente se están recibiendo y licitando son más modernos y adecuados para ello pero no se debe olvidar que la protección pasiva no es nunca una garantía total de seguridad, ni siquiera suficiente. Es la eterna lucha de la espada contra el escudo, el cañón contra la coraza o la artillería contra la fortificación.

Es necesaria la protección pasiva pero sin olvidar el resto de las medidas como son la información, el despliegue adecuado con la suficiente cantidad de tropas y unas Reglas de Enfrentamiento (ROE) que proporcionen la indispensable disuasión y en su caso respuesta necesaria y proporcionada con el mínimo de bajas tanto en la población civil como en nuestras propias unidades.
que España necesita
La siguiente idea es que, al tener que operar en el exterior, las Fuerzas Terrestres deben ser fácilmente pro- yectables, es decir, como decía el Secretario de Defensa de EE.UU, Mr. Rumsfeld refiriéndose a sus FAS: “El carácter expedicionario ha dejado de ser privativo de los ´marines´. Todas las FAS deben serlo ahora”. En conse- cuencia hay que lograr para la Fuerza Terrestre una organización muy flexi- ble capaz de generar contingentes que puedan ser proyectados a diferentes teatros de operaciones para cumplir distintas misiones.

Por ello, una estructura basada en un Cuerpo de Ejército y Divisiones, como la que más o menos se ha ido arrastrando hasta la actualidad resulta demasiado rígida y con demasiados Cuarteles Generales. Al mismo tiempo, lo mismo que se dijo del ET con res- pecto a las FAS, debería establecerse para las unidades de fusileros,  zapado-

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Hay que abandonar ya la vieja teoría de que los tres componentes,
Tierra, Mar y Aire son instituciones autónomas y casi autárquicas
que para las operaciones proporcionan elementos que actúan
conjuntamente, codo con codo y al mismo nivel
y partir en cambio
del concepto de Fuerzas Armadas como un todo integrador de las
capacidades del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire.
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El escalón Brigada se considera que es absolutamente necesario porque es allí donde se realiza la integración de las capacidades de las distintas Armas. Todas las Brigadas, excepto quizás la acorazada y la de caballería, deben tener una composición similar y por lo tanto ser totalmente intercambiables e interoperables, en su conjunto, en sus componentes y en su adiestramiento y aunque tengan unas ciertas peculiaridades: paracaidista, de montaña, de la Legión, mecanizada..., deben ser ante todo brigadas de Infantería capaces de transformarse en corto espacio de tiempo, mediante la asignación de los materiales y la instrucción específica, en un contingente a la medida de la misión. Hay que tener en cuenta, como también decíamos, que en las misiones en el exterior, no se trata solo de proyectar un contingente, sino de sostenerlo, para lo que es necesario preparar los oportunos relevos. Por encima del escalón Brigada, los mandos de Fuerzas Pesadas y de Fuerzas Ligeras pueden en caso necesario constituir un embrión de Cuartel General Divisionario (CG), mientras aseguran la necesaria coordinación en la instrucción y facilitan el mando de la Fuerza Terrestre al reducir su esfera de control. Finalmente, la existencia de un Cuartel General de Alta Disponibilidad, totalmente proyectable, asegura la constitución del órgano de mando de cualquier escalón tipo División o Cuerpo de Ejército, tanto nacional como internacional.

Se suele objetar que el Ejército siempre está reorganizándose y que siempre acaba reduciéndose. Es cierto, pero hay que tener en cuenta que las necesidades están cambiando continuamente y el armamento y equipo de las Fuerzas Terrestres se han encarecido tremendamente. La imagen de un fusil, un par de alpargatas y un chusco que no hace tanto tiempo podría tener su valor hoy sería un sarcasmo. Por otra parte ya no se necesitan las grandes masas de combatientes.

Todo esto es lo que más o menos está suponiendo la reorganización de nuestro Ejército de Tierra en lo que respecta a la Fuerza. La realidad es que está realizando un esfuerzo tremendo para optimizar sus recursos, teniendo sin duda que luchar con la inevitable inercia, los corporativismos internos y externos y las presiones y condicionantes políticos dentro de una dramática restricción financiera.

No es objeto de este artículo el analizar esto último y menos por mi parte que no tengo suficiente conocimiento de causa, pero todavía sorprende que se hayan tenido que reducir, por falta de recursos –no por falta de posibilidades de recluta– unidades de Infantería Ligera, como los tabores de Regulares o las banderas de la Legión y que ni aún así se complete el resto al 100%, mientras se emplean recursos, humanos y materiales, en unidades de una prioridad y necesidad mucho menor, tanto dentro del ET como sobre todo en el resto de las FAS. Por ello no es fácilmente explicable para el que no está directamente involucrado el que por ejemplo se haya sustituido la Brigada de Montaña por un “Mando de Tropas de Montaña” que vulnera todo lo dicho anteriormente sobre el escalón Brigada o que, en otro orden de cosas, haya desaparecido el Mando de Artillería de Costa que, probablemente con otra composición y nombre, podría haber constituido un embrión de un CG conjunto de control del Estrecho, similar al que poseen los británicos en Gibraltar.

Otra tendencia, a nuestro modo de ver perniciosa, es la de intentar crear en las FAS órganos o unidades que ya existen en el ET so pretexto de que deben ser conjuntos, como es el caso del Mando de Unidades de Operaciones Especiales que, aunque encuadrado orgánicamente en el Ejército de Tierra es una Unidad de las Fuerzas Armadas en el que se pueden integrar fácilmente los elementos convenientes de los otros componentes.

En el Ejército de Tierra, quizás más que los otros componentes de las FAS el mantenimiento del espíritu de cuerpo es esencial y por eso, aunque para algunos a veces parezcan infantilismos determinados actos o signos externos de algunas unidades que por otra parte no tienen por qué ofender a nadie, facilitan la identidad del cuerpo, dentro de la necesaria uniformidad, siempre que estén debidamente regulados. Esto no sólo ocurre en España, muy al contrario se puede ver claramente en Ejércitos como el Británico o el Francés.