Estimado Sr. Director:
Habiendo recibido hace unos días el ejemplar del
mes de Septiembre de este año, de la Revista Tierra,
Mar y Aire y quiero hacer una observación
por si pudiera ser publicada una pequeña rectificación
en una próxima Revista.
En las páginas 44 y 45 se hace referencia a la desaparición
reciente de 3 españoles ejemplares, a
los que la Revista recuerda en Homenaje, porque
siempre pusieron por delante el amor por su Patria,
el Tte. General D. José Ramón Gavilán, el
General de Infantería D. Alberto Marquina López
y el Capitán D. José Ramón Galparsoro Perot, ingeniero
papelero.
En el nombre del último su primer apellido, de
origen vasco, tiene una errata y es Calparsoro,
empezando por C. Fue un gran caballero.
Su curiosa historia podemos verla en el magnífico
libro que sobre él publicó Quiron Ediciones
titulado: “JOSÉ RAMÓN CALPARSORO. UN PILOTO
ESPAÑOL EN LA LEGIÓN CÓNDOR”. Editado
en el año 2003 y que fue escrito por el piloto
de aviones comerciales, de líneas aéreas
AVIACO e IBERIA, Sr. Cecilio Yusta Viñas.
Mi padre voló con él, agregado a la Legión Cóndor,
y puede verse el nombre del piloto y del copiloto
en la hoja anexa, Tte. Calparsoro y Alférez
Erce, en vuelo en un avión de bombardeo Heinkel
111 el día 29.12.1938.
El Tte. Calparsoro fue nombrado agregado a la
Legión Cóndor por tener el título de piloto y hablar
correctamente el alemán, haciendo de intérprete
y de piloto. Como anécdota se cuenta de él
que, como se casó durante nuestra guerra civil y
participaba con los alemanes en los vuelos contra
blancos en territorio enemigo, al ordenanza le
tenía dicho que si llamaba su mujer y en ese momento
estaba en una misión de guerra que le dijera
que estaba ocupado, no se podía poner y que
la llamaría más tarde (ésto era para no preocuparla).
Pero, un día cambió el ordenanza y el
nuevo no sabía ésto y … cuando llamó la mujer
del aviador … le cantó la gallina.
Le agradezco de antemano lo que pueda hacer en
este sentido.
Atentamente
ANTONIO ERCE LIZARRAGA
CAPITÁN DE FRAGATA
(Breve Currículum y presentación).
Pertenecí al Ejército del Aire durante seis años
(1962-1968), terminé con el empleo de Cabo 1º
especialista Radiotelegrafista. Mis destinos fueron
Escuela de Transmisiones en Cuatro Vientos
(Madrid) y Base Aérea de Matacán (Salamanca)
pasando a la Reserva obligatoriamente el día 19
de septiembre de 1968 por, según comentarios de
la época una Orden Ministerial que obligaba a licenciar
a todos los Cabos 1º de la Escala de especialistas
del EA. no convocados al curso de
sargento, lo que constituyó una frustración para el
espíritu militar al querer y no poder; no en vano,
mi primer compromiso con el EA. fue de cuatro
años y un posterior reenganche de dos años
cuando la “Mili obligatoria” era de año y medio
a dos años a lo sumo.
Actualmente, llevo cuatro años como socio de la
Real Hermandad en Valladolid, como tal, recibo
la revista Tierra, Mar y Aire y la leo con verdadera
ansiedad (aprovecho para felicitar a todos
los que intervienen en su publicación), y entiendo
que es el mejor medio para recordar a un colectivo
al que yo pertenecí. Durante estos cuatro
años nadie lo ha mencionado, este colectivo es,
hemos sido, los Cabos 1º Especialistas del E.A.
durante la década de los sesenta, que prestamos
servicio a la Patria durante 4, 6, 8 ó 10 años y que
por el motivo arriba expuesto fuimos obligatoriamente
licenciados.
Por este hecho, no somos militares ni exmilitares,
no reunimos los requisitos tales como, carné
militar, salario, pensión etc. Con todos los respeto
a las FAS y a la Real Hermandad, grave
error. En todo caso, debo decir de mi persona, que
ni una anemia me cambia la sangre, esto es, el espíritu
militar, pues, mi cantidad de hemoglobinas
y mi número de glóbulos rojos permanecen invariables
a la condición de militar, mi glóbulos
(ROJOS y AMARILLOS, no tengo blancos) son
del color de mi bandera, lo digo con todo el orgullo
del mundo. Lejos de ofender a las instituciones
mencionadas, antes bien, todo lo contrario,
quiero al menos que no se nos olvide y en la medida
de lo posible se nos reconozca el servicio
prestado a la Patria. Muy bien lo conocen los profesionales de la aviación; todo ello, para no desvirtuar
la historia ni crear lagunas como algunos
que, todos conocemos, intentan eclipsar parte de
nuestra historia y que para mí es sagrada.
Por destacar un poco más mi especialidad, obviamente
la que mejor conozco, la figura del Radiotelegrafista
fue importante, tanto en tierra
como en aire, la tripulación de los polimotores se
componía de piloto, copiloto, radio y mecánico,
casi exclusivamente. En tierra como controladores
aéreos y estaciones de radio con sistemas de
comunicación con el alfabeto Morse y sus códigos
como el código internacional “Q” que permitía
abreviar los textos de los telegramas y casi
entenderse entre distintas lenguas. Ya por mi
época habían aparecido nuevos sistemas de comunicación
y navegación aérea, como equipos de
radiofonía con frecuencias de trabajo HF, VHF,
UHF y otras, el GCA como radar de aproximación,
los teletipos, etc., más tarde el sistema ILS
para aterrizajes con escasa visibilidad, y otras
ayudas a la navegación. Motivos por los cuales
la especialidad estaba a extinguir hasta su total
desaparición, que duda cabe que había que admitir
la evolución, pero si critico algo es la falta de
reciclaje y no cortar por lo sano, tal vez olvidando
que la formación cuesta mucho dinero y tiempo,
amén de los traumas producidos después de tantos
años de servicio, todo esto como brevísima
historia del Radiotelegrafista en el Ejército del
Aire Español.
Contestando a una pregunta que recientemente
me hizo un amigo ¿Cómo quieres tanto al Ejército
cuando no te ha dado lo que tú querías? Contesté
rápidamente: de la misma forma que
también quiero a Dios por lo que no me ha dado.
No puedo por menos que recordar, al que fuera
mi primer coronel, estando yo ya en prácticas en
Matacán D. Ignacio Alfaro Arregui; nos consideró
a casi todos los efectos, suboficiales valorando
nuestro trabajo un fuerte abrazo a este
colectivo.
JESÚS RIVERO GÚTIEZ
SOCIO DE LA HERMANDAD
El motivo de esta carta es participarle la circunstancia
feliz y única de una de nuestras asociadas
a la que tenemos un cariño especial.
No es normal que la vida humana se alargue hasta
más allá de los cien años, pero como no hay regla
sin excepción, nosotros tenemos aquí en Asturias
a Doña María, nuestra ”abuela” de la Real Hermandad,
que ha traspasado felizmente la barrera.
Doña María Fernández Rodríguez es una entrañable
señora que el día 24 de noviembre próximo
va a cumplir 103 años, gozando de una envidiable
salud tanto física como mental, con la que se
puede mantener una conversación perfectamente
coherente sobre temas que rodean su ambiente
actual y aquellos que se refieren a su juventud.
Vive completamente mimada en la Residencia
Geriátrica “El Fontán” en Oviedo, no tiene impedimento
para moverse ni en la Residencia,
donde sube y baja perfectamente las escaleras, ni
en los paseos que a veces realiza por la calle
cuando sale acompañada por amigas o cuando la
visita el Padre Dámaso O.P. que reside en León y
que viene con frecuencia a verla.
Doña María estuvo muy poco tiempo casada,
pues su marido, el Sargento de Infantería D. José
López Flórez, falleció en combate el año 1937.
Ya viuda y sin hijos continuó viviendo con sus
padres hasta que éstos murieron, abandonando el
pueblo natal al quedarse sin familiares cercanos
y encontrar la acogida de la Residencia Geriátrica
donde, según ella dice, se encuentra mejor que en
su propia casa.
Aunque siempre ha sido objeto de nuestras atenciones,
el pasado día de San Hermenegildo tuvo
una jornada especial porque la llevamos a todos
los actos y se le impuso, junto con otros condecorados,
la Medalla al Mérito de la Real Hermandad
que le había sido concedida.
El próximo día 24 de noviembre, o en fechas próximas,
según el régimen interior de la Residencia,
pretendemos hacerle un homenaje que la
haga disfrutar en día tan señalado. Del acto también
queremos dejar constancia y hacer una pequeña
reseña que, si le parece bien, podría ser
publicada en nuestra Revista “Tierra, Mar Aire”.
DE LA DELEGACIÓN DE ASTURIAS