n mi editorial anterior anunciaba algunas de las actividades que la Real Hermandad tenía previsto llevar a cabo. En el momento de escribir este nuevo editorial la mayoría de esas actividades ya han tenido lugar, pero hay una a la que me quiero referir por la importancia de la misma. Se trata del Desfile de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil ante S. M. el Rey el Día de la Fiesta Nacional en el que participamos la Real Hermandad junto a las Asociaciones de Veteranos vinculadas a la nuestra. Nuestro sincero agradecimiento a las Autoridades Militares que nos permiten participar poniendo a nuestra disposición diecinueve vehículos de la BRIPAC en los que nos instalamos noventa y cinco Veteranos. Siempre que he participado en un Desfile he recordado el verso de Rubén Darío, que aprendí hace muchos años en el colegio, cuya primera estrofa decía:

     “¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,
     La espada se anuncia con vivo reflejo;
     Ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines”…


Creo que en mi vocación militar este poema de Rubén Darío tuvo alguna influencia.

De las dos acepciones que vienen en el Diccionario de la palabra paladín, me quedo con la segunda: “defensor denodado de algo o de alguien”. Eso es lo que somos los Veteranos ahora: defensores denodados de la Historia y la Tradición Militar. Es lo que tenemos que transmitir a las nuevas generaciones de militares profesionales. Ha sido así toda la vida y en todos los países, una generación transmite a la siguiente sus experiencias, lo que ha vivido, por lo que ha luchado, lo que ha logrado y sus fracasos, es decir, su Historia y sus Tradiciones.

En la Guerra Civil española, los militares de ahora tenemos muy claro que en el campo de batalla todos lucharon con valor, y, unos, ganaron con honor, y, otros, perdieron con honor. Muchos perdieron la vida en pos de sus ideales, de ambos bandos, por eso todos merecen nuestro respeto. Respeto que obliga a no manipular la Historia y conservarla tal como ocurrieron los hechos, los que ganaron, ganaron y los que perdieron, perdieron. Pero hubo hechos heroicos que necesitaron una gran dosis de generosidad, abnegación, valor, compañerismo, disciplina, lealtad, cumplimiento del deber…y otras más virtudes militares que constituyen un bagaje de “directrices” éticas y morales que hemos de seguir aceptando y practicando, pues ellas han de continuar sirviendo de guía en la formación, actuación y conducta de los miembros de las Fuerzas Armadas.

He citado textualmente una parte de la alocución, que un jefe mío muy querido y respetado, número uno de su promoción, Teniente General del Ejército del Aire en situación de retiro, pronunciara ante sus compañeros de la 3ª promoción en sus Bodas de Oro de salida de la Academia General del Aire. Me estoy refiriendo, naturalmente, al Tte. Gen. del EA D. Alejandro García González.

EDITORIAL
E
Todo este comentario que acabo de hacer viene a propósito de algo que he oído y que lamento muchísimo que vaya a ocurrir. Parece ser que en el nuevo Museo del Ejército, que abrirá sus puertas en Toledo próximamente, no será visitable y por tanto no se podrá oír, como se ha venido oyendo todos estos años cuando se visitaba el Alcázar, la conversación que el Coronel Moscardó mantuvo con su hijo, durante el asedio, poco antes de que el muchacho fuera asesinado.

Termino con algo que escribiera, un apasionado novelista, cuyo nombre no recuerdo, que decía: “los ejércitos son los instrumentos más nobles, más liberales y con mayor capacidad de entendimiento que tienen los pueblos”.

EDUARDO GONZÁLEZ-GALLARZA MORALES
PRESIDENTE NACIONAL