MI QUERIDA

Ignacio Martínez Eiroa
Teniente General del Ejército del Aire
De todos los seres vivos el
único capaz de amar es el ser
humano pues al ser el amor
una entrega total del cuerpo y
el espíritu dicha entrega sólo
es posible a nuestra
privilegiada especie.

cuando dicho bien requiere la entrega de la vida, el enamorado la entrega dichoso. (Y por verte temida y honrada contentos tus hijos irán a la muerte…)

De todos los seres vivos el único capaz de amar es el ser humano pues al ser el amor una entrega total del cuerpo y el espíritu dicha entrega sólo es posible a nuestra privilegiada especie. Algunos animales, sin embargo, sienten gran cariño hacia las personas, pero es un afecto puramente espiritual –aunque esta afirmación parezca un contrasentido– pues el componente físico no se pone en juego. La mayoría de los perros adoran a sus amos y aunque no se sientan atraídos físicamente, son capaces de acompañarlos hasta el final de su camino y dar la vida por ellos.Algunos pasan a la historia. El único ser que sobrevivió al naufragio del crucero “Reina Regente” en aguas del Estrecho de Gibraltar, el 10 de Marzo en 1895, fue el perro de un oficial. Lo rescató un transporte inglés en el que navegó por Europa. Meses más tarde cuando el buque cruzaba frente a Sanlúcar de Barrameda, el perro reconoció la costa,  se lanzó al agua,  nadó hasta la  playa y fue a rendir  viaje a la puerta de la casa de su

a la muerte de su perro: “Yo fui tu religión, yo fui tu gloria; a Dios en mi soñaste; mis ojos fueron para ti ventana del otro mundo. ¿Si supieras, mi perro, que triste está tu dios porque te has muerto? ¡También tu dios se morirá algún día ¡Moriste con tus ojos en mis ojos clavados, tal vez buscando en estos el misterio que te envolvía. Y tus pupilas tristes a espiar avezadas mis deseos, preguntar parecían: ¿a dónde vamos, mi amo? ¿a dónde vamos?”

Es indudable que muchos animales son capaces de sentir un afecto entrañable por otros irracionales, por personas o por cosas, pero el hombre tiene una cualidad que lo distingue. El resto de las criaturas vivientes pone su corazón en realidades, sólo el hombre es capaz de amar realidades y abstracciones. Pero, en cualquier caso, el conocimiento es previo al amor. No se puede amar sin conocer.

   La Patria tiene un soporte físico, sensible. Empieza con el latido del    corazón de nuestra madre –la primera música que escuchamos–. Y es    la tierra que pisamos por vez primera. Poco a poco se va    enriqueciendo con cuanto percibimos por medio de nuestros    sentidos desde que nacemos. Los aromas, el tacto, las caricias, los    sabores de la infancia, la música, las voces de los que nos rodean, el    tañido de las campanas entre la niebla, la hierba cubierta de rocío,    los trigales ondulando suavemente bajo el sol. Incorporamos todo    ello a nuestro ser y creamos un mundo propio que nuestro    subconsciente jamás olvida.

Hay una razón para el amor? La hay, puesto que se ama. Tal vez sería más exacto decir que hay motivos para amar. Miles de motivos. Millones de motivos. Tantos como seres humanos multiplicados por el número de objetos amorosos. Y cuando son amores verdaderos obedecen a un impulso irracional. La razón no habita el planeta del amor.

Motivo viene del latín movere (mover). El amor es un impulso, un movimiento hacia el objeto amado que nos atrae como el imán al hierro. Dice el DRAE –y lamento disentir– que amor es el “afecto por el cual busca el ánimo el bien verdadero o imaginado y apetece gozarlo”. Me gustaría más la definición del DRAE si dijera que el amor es el “afecto por el cual busca el ánimo el bien verdadero o imaginado del ser amado”. No es la propia felicidad lo que busca el hombre o la mujer  que  ama,  es  la  felicidad o el  bien  del  ser amado.  Y

España

amo al que había perdido en la mar pero no olvidado. Si hubiera sido un perro inglés, su nombre habría pasado a la historia, como pasaron los de Jemmy y Boxer, los perros de la Brigada Ligera que, al compás del galope de los caballos de sus amos, que cargaban contra los cañones rusos, recorrieron el valle de Balaclava (25 de Octubre de 1854) bajo una lluvia de fuego, y después de alcanzar las trincheras enemigas regresaron a sus líneas acompañando a los escasos supervivientes de sus respectivos regimientos. Si, muchos animales, si les damos la oportunidad, son capaces de querernos más allá de su vida. ¡Ojalá todos los amos fuéramos tan merecedores de ese cariño cómo lo fue Don Miguel de Unamuno¡ un hombre sabio y bueno, que escribió

El futuro se presenta incierto y difícil. Sin embargo, si cada uno de los españoles pensásemos en España antes que en nosotros mismos, si derribáramos barreras en lugar de alzarlas, si fuéramos capaces de concebir un proyecto sugestivo de vida en común, aún podríamos salvar a la Patria de todos. No perdamos la esperanza.

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Y todo amor tiene mil facetas, como un dia- mante, y es igualmente valioso y escaso. El ser humano sensible ama a todas las criaturas –“el hermano lobo, el hermano gusano” que decía el pobrecito de Asís– aunque el verbo enamorar lo reservamos para ese sentimiento misterioso que provoca la fusión de dos seres –cuerpo y alma– en uno sólo. Y no sólo amamos a las personas y a los animales, somos también capaces de identificarnos con la naturaleza hasta sentir que formamos parte de ella. Y amamos, a veces apasionadamente, determinadas manifestaciones humanas: la mú- sica, la poesía, la pintura, creaciones artísticas, en general. Todo lo citado tiene un soporte físico, más o menos evidente, pero al ser dis- tinguidos entre todos los seres vivientes con el don de la inteligencia traspasamos el umbral de la realidad para llegar adonde no llegan las demás criaturas y amamos, también, ideas, abstracciones que son fruto del espíritu. Vivi- mos en un mundo compuesto de realidades y pensamientos. A través de los sentidos perci- bimos, captamos, las realidades, y con nuestro intelecto elaboramos ideas, abstracciones, que, a veces tienen un soporte físico, y otras son sólo pensamientos, conceptos, ideas puras. Si no tuviéramos esta capacidad de creación inte- lectual nuestro mundo sería el mismo que el de los animales.

Al extenderse la confusión afecta y pervierte todos los ámbitos ciudadanos, y como consecuencia los españoles ya no somos iguales –no todos tenemos los mismos deberes y derechos– y no somos libres. Esto es tan obvio que sería ocioso insistir en ello.

Nuestra situación se agrava con la actual crisis que también padece el mundo o al menos gran parte de él. Pero la crisis de las naciones de nuestro entorno (incluidos los Estados Unidos) es, simplemente, una crisis económica. La de España amén de económica es orgánica. La diferencia es la misma que existe entre un hombre pobre y un hombre pobre enfermo de cáncer. El futuro se presenta incierto y difícil. Sin embargo, si cada uno de los españoles pensásemos en España antes que en nosotros mismos, si derribáramos barreras en lugar de alzarlas, si fuéramos capaces de concebir un proyecto sugestivo de vida en común, aún podríamos salvar a la Patria de todos. No perdamos la esperanza.
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MI QUERIDA
Una de estas ideas, producto de la inteligencia humana, es la Patria. La Patria tiene un soporte físico, sensible. Empieza con el latido del corazón de nuestra madre –la primera música que escuchamos–. Y es la tierra que pisamos por vez primera. Poco a poco se va enriqueciendo con cuanto percibimos por medio de nuestros sentidos desde que nacemos. Los aromas, el tacto, las caricias, los sabores de la infancia, la música, las voces de los que nos rodean, el tañido de las campanas entre la niebla, la hierba cubierta de rocío, los trigales ondulando suavemente bajo el sol. Incorporamos todo ello a nuestro ser y creamos un mundo propio que nuestro subconsciente jamás olvida.

Y sobre este sustrato, estos cimientos, se erige un monumento intelectual que es la Patria (DRAE: Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos) a la que hay que aprender a amar. Escribí no hace mucho que la patria empezó por la necesidad de convivir (vivir con), de unirse a otros seres humanos para poder sobrevivir juntos y salvar la especie humana; nació cuando en la mente de los primeros hombres alumbró la idea de un destino común. Y la semilla se hizo árbol. Los clanes se unieron y formaron tribus, estas crearon pueblos, ciudades, naciones. Y llegamos a la situación actual en la que se intenta, por medios pacíficos, –ya se intentó con el empleo de la fuerza– crear entidades supranacionales de países afines –respetando la identidad de cada uno– con el fin de garantizar la seguridad de la alianza, evitar cruentas confrontaciones, facilitar la convivencia y mejorar la calidad de vida de los pueblos. Este plan, que es el objetivo de Europa, aún no alcanzó su plenitud, pero es un proyecto sugestivo y prometedor.
España, nuestra querida Patria, –la primera nación de Europa– rema en dirección contraria, como en otras ocasiones de nuestra historia. Aceptamos un único Parlamento para Europa, pero nosotros tenemos diecisiete. Distintas leyes. Diecisiete jurisdicciones. No necesitamos tantos tribunales, anhelamos Justicia. Tenemos un Tribunal Supremo que no es supremo (dice el DRAE. Supremo: Sumo, altísimo. Que no tiene superior en su línea). Disponemos de variadas Fuerzas de Orden Público con escasa coordinación. Hay regiones en las que el español se considera una lengua extranjera non grata. Se estudian distintos textos escolares en alguno de los cuales se deforma la idea de Patria hasta el punto de presentar a España como una nación enemiga que impide a la respectiva región ser una arcadia feliz. Al mismo tiempo que nos integramos en la Comunidad Económica Europea, con un mercado único, trizamos nuestro mercado interior en diecisiete mercadillos, fértiles en hojarasca burocrática, que causan un grave perjuicio a nuestra economía. Se reclaman derechos para los territorios cuando los derechos corresponden a las personas.
Cualquier español podría escribir un gran memorial de agravios, sobre todo, los niños, a muchos de los cuales se está negando, desde hace lustros, el conocimiento de la lengua, la historia y la geografía de España, poniendo en grave riesgo su futuro como ciudadanos de una nación moderna. Son extranjeros en su Patria.

La Patria “ordenada como Nación” es una abstracción, apoyada en una realidad física, aceptada voluntariamente por hombres libres e iguales con los mismos derechos y deberes y “un proyecto sugestivo de vida en común”. Así son todas las naciones democráticas y se puede constatar que este es el deseo de al menos el 90% de los españoles. Ser libres e iguales, vivir en paz y que cada nuevo día sea un poco mejor que el anterior.
Posiblemente esto es lo que querían los “padres” de la Constitución de 1978. Pero tal vez les faltó valor para ser claros o les sobró ingenuidad. Al introducir, en el Artículo 2 el término “nacionalidades”, atribuyéndole un sentido que no es el que recoge el Diccionario, sembraron la semilla de la confusión. La nacionalidad es una condición que la nación concede. Por otra parte, las “regiones” son partes de la nación, como específica dicho artículo. Y el todo tiene que presidir a las partes, nunca las partes pueden igualarse al todo. Y la diversidad de las partes se justifica para dar armonía al conjunto. Mi mano, mi pie y mi corazón son distintos, son partes entrañables de mi mismo, pero son YO o no son nada. Galicia es mi tierra natal, allí tengo mis raíces, la amo como a mi mano derecha, pero si mi mano derecha fuera separada del cuerpo por un hachazo brutal ya no sería más que un trozo de carne corrompida.