a provocación es definida por el diccionario de la RAE, como: La acción de provocar. Provocar, según la misma
fuente consiste en: Irritar o estimular a alguien con palabras u obras para que se enoje. O sea, hablando coloquialmente,
cabrear. A este estado de ánimo nos ha llevado, a la mayoría de los españoles, las recientes declaraciones
hechas por un político nacionalista después de que una Unidad de nuestro Ejército de Tierra colocara una
Bandera Nacional encima de un monte, de su bella tierra, que también es nuestra, tras coronarla con éxito. Costumbre
por otra parte tradicional y universalmente practicada por las Fuerzas Armadas de la mayoría de los países,
por no decir de todos, que consiste en plantar la Bandera cuando se finaliza la misión con éxito. Todo ello,
además, en cumplimiento del Artículo 8 de la Constitución Española. Porque la Unidad militar no iba de excursión
ni de picnic, la operación se inscribía en el plan de instrucción de la misma, elaborado por el Estado Mayor
correspondiente, cuya finalidad es conocer perfectamente el terreno, el territorio, el país, es decir, España, a la que,
según el artículo citado, tenemos que defender para mantener su soberanía, independencia e integridad territorial.
Hay que patear el terreno bien, para conocerlo mejor y defenderlo si llega el caso. Las Fuerzas Armadas tenemos
que conocer España como la palma de la mano. Por tierra, por mar, por aire y por parejas. Lo único que esperamos
del Gobierno de la Nación y de los Gobiernos de las diecisiete Autonomías es que nos faciliten el cumplimiento
de esta alta misión que tenemos encomendada. Al fin y al cabo la Defensa de la Patria es responsabilidad
de todos y no sólo de los que vestimos un uniforme.
De provocación se podría calificar también la decisión del Ayuntamiento de Madrid de despojar a Franco de
todos los títulos que le fueron otorgados por Ayuntamientos anteriores tan legítimos como este. Nos guste o no,
somos solidarios de lo que hicieron los que nos precedieron. Qué ejemplo para la juventud de ahora y para las
generaciones futuras sería conservar los símbolos, monumentos y vestigios de la Historia escrita por españoles
que se jugaron la vida y muchos la perdieron en pos de sus ideales. Sería la mejor forma para no repetir los errores
del pasado. Como señalaba en mi editorial anterior la Historia no se puede borrar, ni cambiar, ni tergiversar,
sólo respetar. Tampoco se entiende bien esa obsesión con el pasado en lugar de concentrarnos en el futuro, que
es de todos y entre todos tenemos que construir. Sobre este asunto excelente es el artículo de D. José Utrera Molina
a quien tengo el honor de conocer personalmente, que reproducimos en este número de nuestra revista.
Ha muerto un gran hombre, catalán y español, Vicente Ferrer. No dentro de mucho esperamos verlo compartir
título de santo con su homónimo valenciano. Vicente Ferrer como Teresa de Calcuta son dos personajes excepcionales
que la Real Hermandad debe adoptar como inspiradores de nuestra acción de Voluntariado. Un amigo
veterano, compañero de promoción, me enviaba hace unos días un correo electrónico en el que se resume la categoría
humana de este hombre, su generosidad y su amor al prójimo que practicó de modo ejemplar y heroico.
Sin lugar a dudas habrá sido recibido en el Cielo con todos los honores.
Cito textualmente declaraciones y comentarios extraídos del mensaje:
EDUARDO GONZÁLEZ-GALLARZA MORALES
PRESIDENTE NACIONAL