Fue el 5 de noviembre de 2004 cuando escribí una carta abierta al entonces Ministro de Defensa, que ningún periódico me quiso publicar. Su texto fue el siguiente:

“Sr. Ministro: Después de verle durante la noche del 25 de octubre último, en TVE-1, y oir todos sus argumentos sobre las causas de la tragedia del Yak-42, me atrevo a recomendarle que no de más vueltas al asunto para no incurrir en nuevos juicios temerarios.

La tragedia en cuestión no se debió a malas gestiones características y defectos del avión. Se debió únicamente a la mala ruta que siguieron sus tripulantes, por lo que, dicho avión, se estrelló contra una montaña; montaña que si se hubiera rodeado no se habría producido accidente alguno, llegando dicho avión a su destino.

También es recomendable que deje tranquilas a las víctimas y no avive más la desesperación de sus familiares. A éstos se les debe consolar haciéndoles ver que los féretros que contienen “restos diversos” son “relicarios” que custodian reliquias de unos magníficos militares de profundos sentidos de hermandad. Estos están ya unidos y vivos, junto a Dios.

Por último, en nombre de Don Quijote, a todos los investigadores de la tragedia en cuestión, les digo que lo primero que debemos hacer, antes de juzgar, es “temer a Dios, porque en temerle está la sabiduría y siendo sabios no podrán errar en nada”.

Hoy 20 de mayo de 2009, 5 años después, por el diario ABC me entero de que la Audiencia Nacional condena al General Navarro a tres años de cárcel por falsedad documental y a un año y medio al Comandante Ramírez y al Capitán Sáez por encubridores.

Estas sentencias son totalmente legales pero injustas ya que carecen de lo que en derecho se llama equidad.

La falsedad es una palabra muy dura, no aplicable a los presuntos culpables. Solo realizaron unas mentiras “piadosas” para disminuir el tiempo de sufrimiento de los familiares de los fallecidos.

De todo esto, lo asombroso es la tenacidad, durante 5 años, para buscar culpables del accidente; pero lo estremecedor es la alegría que ha producido el encontrar unos “chivos expiatorios”. Alegría que sólo la puede inspirar un espíritu vengativo, nada piadoso.

A los condenados yo les saludo afectuosamente, considerándolos. “Bienaventurados por padecer persecución por la justicia, que de ellos será el Reino de los Cielos”.

JOSÉ JUNCOSA LÓPEZ
Cartas al Director
La tragedia del Yak-42
Cartas al Director
Sobre la calle Merry Gordón de Sevilla.
Diario El Mundo
Como hija del Excmo. Sr. D. Pedro Merry Gordón y nieta del Excmo. Sr. D. Francisco Merry y Ponce de León.

Y la escribo por dos motivos; el primero defender el honor y el nombre de mi familia y el segundo enseñar a la indocumentada periodista María Rionegro.

La Avenida General Merry en Sevilla lleva el nombre en memoria de mi abuelo el General D. Francisco Merry Ponce de León (1872-1971) y no en el de mi padre el que fue Teniente General D. Pedro Merry Gordón (1920-1993) del cual osa escribir de forma gratuita una serie de infamias, cuando no estulticias sobre la memoria del mismo.

De mi abuelo puedo decir que fue gentil hombre de cámara de Alfonso XIII, caballero de la Orden de Carlos III, ostentaba el título de Conde de Benomar, que intervino en la guerra de Cuba como Ayudante de Campo del General Weyler. Y es en memoria de él la hasta ahora Avenida General Merry.

Sobre mi padre le diré que no obtuvo sus ascensos, medalla y títulos por ser alcohólico. El se los ganó por su valentía, su lealtad y honor, valores que hoy difícilmente se entenderían en esta degradada sociedad dominada por la bajeza moral y que es capaz de considerar que Pilar Bardem merece sustituir el nombre de mi abuelo sin ningún otro mérito que no sea el resentimiento y el odio hacia personas de muy alta consideración como lo fueron ellos.

Mi padre perdió dos hijos jóvenes Alfonso y Paco, mi queridísimos hermanos, en diferentes y trágicas circunstancias y sí es cierto que en sus últimos días ahogaba su pena y desconsuelo, de forma ocasional, con la bebida.

Yo vivía con mi padre cuando el 23-F y estuve junto a él en todo momento y ya hubiese querido la periodista María Rionegro cuando escribió el artículo periodístico el pasado día 15-04-2008, haber tenido la serenidad, la inteligencia y la sabiduría que siempre tuvo mi padre y mucho más en esos momentos de gran tensión y trascendencia para España. Y por testigo, S.M. El Rey de España que estuvo al otro lado de la línea telefónica. Mi padre, como militar, luchó contra el comunismo, pero no por el comunismo que hoy representan los concejales de IU en el Ayuntamiento de Sevilla, sino por el que cuando cayó el telón de acero, tenía a los niños con síndrome Down enjaulados, vimos a sus ciudadanos en la más absoluta de las miserias, mientras sus gobernantes vivían como los concejales de IU en el Ayuntamiento de Sevilla.

A mi padre les remito a mis sentimientos y a los que le conocieron íntimamente y les puedo asegurar que el mayor orgullo de mi vida es haberme criado junto a ese hombre físicamente menudo pero grande, íntegro, cargado de principios y valores morales los cuales he trasladado a mis hijos, como único patrimonio que me quedó de él.

La verdad sea dicha: en el fondo no me preocupa nada todo esto que dicen y hacen en nombre de la politizada “memoria histórica”.

Esta carta la escribo por ti, papá. En la historia con mayúsculas que es la verdadera y que perdurará durante siglos estarán siempre tú papá y el abuelo y nunca Pilar Bardem.

MARÍA DE LOS ÁNGELES MERRY CORONEL

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Carta a la Generalidad de Cataluña
Aunque el Sr. Rovira anhele lo contrario, no todo catalán es separatista y reniega de España... Aún quedan muchos que se sienten muy españoles... Su lista es interminable... Pero hay uno, que estará con Dios, que merece atención preferente. Su nombre es Don José Dalmau Carlés. Fue Profesor Normal y Director del Grupo Escolar de Gerona, escribiendo muchas obras destinadas a la enseñanza de la infancia y de la juventud. Una de ellas, que editó durante la Segunda República, en 1932, consistió en un precioso librito titulado Lecciones de Cosas con el que yo aprendí a leer. Su primera lección trata de la patria, a la que definió de esta manera:

“La patria es la tierra donde vimos la luz primera; la que vio nacer a nuestros padres; la que guarda las cenizas de nuestros abuelos.

España es nuestra querida patria. Debémosle todo nuestro amor y el mayor respeto.

Ella vela por nuestra salud; ella prepara nuestro porvenir; ella defiende nuestro honor y nuestra vida.

La patria es nuestra segunda madre.

Debemos hacer por ella los mayores sacrificios, incluso el de nuestra existencia.

No hay gloria mayor que la de morir por la patria.

La enseña de nuestra nación es la bandera roja, gualda y morada que vemos flotar encima de este torreón.

Saludad siempre la enseña de nuestra patria.

¡Viva nuestra patria!

¡Viva España!”


Esto se escribió, en plena efervescencia del separatismo catalanista de la II República, uno de esos magníficos catalanes que, como otro, han dado enorme prestigio a esa entrañable Cataluña.

Afectuosamente,

CLEMENTE LÓPEZ