Sólo de forma esporádica llega a mis manos su revista “Tierra Mar y Aire”, la cual leo con mucho interés, pues solo lo referente a las fuerzas armadas es un mundo completamente desconocido para mí. Y ya que desde sus páginas se hace una invitación a los lectores para conocer su opinión, me decido a escribirles.

El ejemplar que en estos momentos tengo en mis manos es el nº 295 Noviembre-Diciembre de 2008, y sobre él quería hacer algunas puntualizaciones:

1.- A D. José Sánchez Méndez por su artículo sobre el “Cuatro Vientos”:

En él hace referencia a que “el ambicioso proyecto impresionaría al Gobierno de la República, cuyo Presidente, Manuel Azaña, lo asumió como una gran empresa nacional”. Creo conveniente puntualizar que en el año 1933, fecha del histórico vuelo D. Manuel Azaña no era todavía Presidente de la República. Fue Ministro de la Guerra y Jefe del Gobierno en distintas ocasiones, pero no fue Presidente de la República hasta abril de 1936, en que Alcalá-Zamora fue destituido por un voto de censura en virtud del Art. 81 de la Constitución.

Entiendo que hay detalles que se escapan, pues el período republicano ha sido durante mucho tiempo, por razones obvias, poco estudiado, únicamente mencionado, si acaso, para poner de relieve sus errores pero pocas veces sus proyectos de gran alcance en materia social y educativa.

Baste reconocer que el vuelo del “Plus Ultra”, sin restarle méritos, acaecido en 1926 durante la dictadura de Primo de Rivera ha sido ampliamente difundido en todos los libros de texto de nuestra infancia y juventud, mientras que el vuelo del “Cuatro Vientos”, acaecido en 1933, durante la democracia de la República ha sido ampliamente ignorado, pese a ser la mayor proeza de la aviación española.

Por lo demás, aprovecho para felicitarle por la magnifica película-documental (2005) sobre el Cuatro Vientos, junto a su director y guionista Alfonso Domingo, segoviano como yo. Mi enhorabuena, General.

2.- A D. Agustín Muñoz-Grandes Galilea, por su artículo “Cerrar heridas”:

Sé que es prácticamente imposible tratar este tema sin caer en el sectarismo, aunque no se pretenda. Hablando de la reconciliación hace referencia al “fácil regreso a España tras la guerra del General Vicente Rojo”. La familia Muñoz-Grandes conoce sin duda los pormenores mejor que nadie de este regreso pero quizás conviniera apuntar, en honor a la verdad, que este no se produjo hasta 1957 (18 años de acabada la contienda) y que no se libró del Consejo de Guerra que le condenó a cadena perpetua por un delito de rebelión, ni le fue reconocido el grado de General, sino el de Comandante que era el tenía en 1936. Si es que no habría de cumplir la condena ¿era necesaria tanta humillación? Ignoro si en España su memoria ha sido rehabilitada, en su exilio boliviano Vicente Rojo Lluch siempre tuvo la consideración de General.

3.- A D. Carmelo Biurrun Beroiz por su artículo “Vae victis. La raza de los vencedores”.

Ha sido un placer la lectura de su artículo, además de agudo no le falta sentido del humor. No viene nada mal recordar hechos del pasado, tan lejanos en el tiempo y sin embargo tan vigentes en la actualidad, pues mucho me temo que la dignidad del vencido sigue siendo una asignatura pendiente.

Para este asunto remito, si se me permite, al cuadro de Velázquez “Las Lanzas” donde se refleja la ética del vencedor: dos ejércitos, a la derecha el español, a la izquierda el holandés, al fondo el campo de batalla, en el centro el derrotado Nassau a punto de arrodillarse, Spínola a punto de evitarlo. Es bien conocido que para ello Veláquez se inspiró en la obra de Calderón “El sitio de Breda”.

         Honrar al vencido es
         una acción que dignamente
         el que es noble vencedor
         al que es vencido le debe.


Ambrosio Spínola recibe las llaves y dice:

         Justino, yo las recibo
         y conozco que valiente
         sois, que el valor del vencido
         hace famoso al que vence.

Claro está que la magnanimidad sólo puede mostrarla el que la tiene.

Y con esto quiero dar por terminada mi carta Sr. Director. Seguiré leyendo con mucho gusto su revista cada vez que pueda acceder a ella. Fui educada en una época que distaba años-luz de que las mujeres pudiéramos formar parte de las fuerzas armadas, que entiendo deben ser de todos, pensar que pudiéramos ser ministras de Defensa era ciencia ficción.

A. MARUGÁN GIL
Cartas al Director
Puntualizaciones de un lector
Cartas al Director
Carta al Capitán de Corbeta D. Ángel Manuel García Paz
Acabo de leer en nuestra querida revista “Tierra, Mar y Aire” tu carta al Director sobre la conferencia que el pasado Noviembre di en Pontevedra y no puedo por menos de quedarme sorprendido por la reacción que en ti suscitó y que sinceramente no comprendo.

Es posible que yo no supiera expresar adecuadamente lo que quería transmitir a la, por cierto, distinguida audiencia y que se desprendiera de ello algo que no quería decir. Afortunadamente, tengo aquí el texto íntegro y esos párrafos creo, aunque no puedo asegurarlo, que fueron leídos textualmente. Te los incluyo a continuación.

De tu carta creo interpretar que tu entendiste que yo critiqué o menosprecié a los que se dedicaron al pluriempleo o abandonaron el servicio activo. Nunca ha pasado por mi imaginación tal cosa y, es más, en la conferencia trataba precisamente de explicar algunas de las razones que a mi modo de ver lo justificaban y que no sólo me han parecido siempre legítimas sino que muchos de estos oficiales, como he visto que es tu caso, rindieron mucho más en otros cometidos e hicieron mucho más por nuestra Patria de lo que hubieran podido hacer o hicimos los que nos quedamos. Es posible que dijera, porque alguna vez lo he dicho, que hacía falta en esos años, entre otras cosas, mucho espíritu militar y afición por la carrera para aguantar e incluso sé que algunos (no todos) de los que se marcharon me confesaron que habían perdido buena parte de esa ilusión, lo cual por otra parte no es ningún desdoro. Así pues no creo que mi subconsciente me traicionara diciendo otra cosa y en cuanto a lo que tenía escrito, júzgalo tu mismo.

Permíteme que te diga con todo afecto que creo que te has dejado llevar por una excesiva suspicacia pues como tú bien dices estuviste “sirviendo a España” desde donde creíste qué era lo más adecuado y estoy seguro que tu formación militar te sirvió para mucho. No creo que nadie piense que sólo hemos sido los militares los que hemos hecho y hacemos Patria, ahora bien, de ahí a que eso sirva de mérito para ascender en la Armada “a las máximas categorías”, no me parece apropiado como regla general y no creo que así fuera.

En cualquier caso, si en algo herí tus sentimientos, te ruego aceptes mis excusas y procuraré ser más explícito la próxima vez.

El segundo punto, sí que creo que no ha sido bien entendido y más aún, que no lo recuerdas bien, pues en ningún momento hice ningún juicio de valor ni siquiera una comparación entre el sistema de Reclutamiento y el actual de Ejército Profesional lo que hubiera requerido otra conferencia. Lo que yo pretendí al citar el sistema de recluta obligatoria era simplemente decir que, al pasar por los cuarteles la casi totalidad de la sociedad española fueron muchos los testigos de lo que allí se hacía (lo bueno y lo malo y en este caso más lo malo). Por favor, léelo de nuevo.

En cuanto al párrafo final de tu carta dedicado a nuestros mandos de entonces, lo considero como una opinión digna de todo respeto pero que a mí personalmente me parece excesivamente acusatoria y no necesariamente de acuerdo con la realidad objetiva. Además, el compararlos con los actuales, sin tener en cuenta las distintas circunstancias de las dos épocas, no me parece correcto y si es verdad que aquellos tenían muchos defectos, que efectivamente se han ido corrigiendo poco a poco, también tenían virtudes, algunas de las cuales creo que en mayor grado que los de ahora. En todo caso estoy de acuerdo en que en conjunto, los mandos han mejorado mucho, como lo ha hecho toda la sociedad española pero no creo que sea debido precisamente al cambio de sistema de reclutamiento.

Finalmente y después de haber intentado aclarar los puntos anteriores me gustaría decirte que hubiera preferido que estas afirmaciones que haces en tu carta, las hubieras hecho en Pontevedra cuando el moderador te brindó, como al resto de los asistentes, el uso de la palabra y creo que hubiera sido mucho más útil para todos y no como ahora que los lectores de la revista de la Real Hermandad reciben tu artículo sin tener conocimiento previo de lo que allí se dijo y pueden sacar conclusiones equivocadas. Recibe un afectuoso saludo

LUIS FELIÚ ORTEGA
TENIENTE GENERAL DEL EJÉRCITO (R)

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Párrafos de la Conferencia del General Feliú que se citan en las cartas
...Aunque esto ha sido siempre así, no siempre ha sido interpretado de la misma forma por los militares y por el resto de la sociedad. Para nosotros militares, los tiempos anteriores a nuestro ingreso en la OTAN no fueron tiempos fáciles. Fueron tiempos en los que nuestras Fuerzas Armadas se dedicaban casi exclusivamente a formarse y prepararse, de una forma eminentemente teórica. Faltaban recursos y las unidades carecían muy frecuentemente de los medios más imprescindibles para su adiestramiento. Desde luego que era muy difícil mantener el interés y la afición sin ver una meta u objetivo concreto y careciendo de los medios adecuados. Era difícil, especialmente en el Ejército de Tierra, salir al extranjero para cursos y maniobras excepto en algunas unidades muy concretas y aún así nuestros conocimientos de idiomas eran muy precarios y casi todos teníamos que aprenderlos en nuestras horas libres.

En los cuarteles, salvo los tres meses del periodo de instrucción de reclutas no había casi tropa pues se la mandaba de permiso para poder dedicar el dinero en la alimentación de los soldados que quedaban y en el mantenimiento del material y las instalaciones. A los oficiales se nos animaba a hacer cursos y/o a buscarnos un pluriempleo.

Así, era fácil caer en el desánimo con sensación de inutilidad o de estar perdiendo el tiempo. Sentíamos la incomprensión y, por qué no decirlo, peor aún, la animadversión de amplios sectores de la sociedad. Bastantes oficiales hicieron carreras civiles e incluso dejaron parcial o definitivamente la profesión militar.

Otras cuestiones ayudaban a proyectar esa mala imagen a la sociedad civil. Los que disponían de pluriempleo solían dedicar más tiempo a sus destinos civiles que a su propio Ejército y esto era aun peor en los pertenecientes a los cuerpos comunes de la Defensa, es decir los médicos, jurídicos, interventores. Pero es que no había mucho más que hacer, sobre todo en los cuarteles donde los que no habían optado por las opciones anteriores se dedicaban a holgar. Quizás no nos dábamos cuenta de que esto es lo que veía la sociedad española a través del servicio militar obligatorio, en los cuarteles y de los pluriempleados en la vida civil. Porque lo que no veían era lo que se hacía en las contadas unidades de elite abiertas casi exclusivamente a los profesionales ni en los cuarteles generales y EM,s o en los centros de enseñanza...