Últimamente circula por INTERNET un escrito de pensionistas pertenecientes
al ISFAS y MUFACE al objeto de hacerlo llegar a la autoridad correspondiente
con el fin de que a éstos (o sea nosotros) se nos reduzca ese 30% que abonamos
por los productos farmacéuticos, con clara diferencia con el resto de ciudadanos
que al llegar a la situación de jubilados no pagan nada.
Juliano no entra en polémica toda vez que todo tiene sus ventajas e inconvenientes;
y si lo dicho es una carga, también es cierto que gozamos de beneficios que
no alcanzan a los pertenecientes al Régimen General de la S.S. tales como poder
estar en el mundo de la sanidad privada, gozar de residencias (más bien pocas) y
alguna otra cosilla.
No obstante abonar un 30% como cuando estábamos en activo, me parece excesivo
para aquellos que ya en la situación de retirados hemos perdido una apreciable
capacidad adquisitiva.
Pero, echemos penas fuera y vemos a lo que ha dado origen lo dicho...
Me encuentro en la farmacia a la que acudo con cierta regularidad, cuando entra una pareja, él
de unos 85 años, ella algo más joven , pero no muchos menos.
- ¿Tienen Uds. antirreumáticos?- pregunta él.
- Sí señor –contesta la titular de la farmacia.
- ¿Y pastillas para la tensión?
- Por supuesto, señor.
- ¿Y grageas, bicarbonato y emulsiones para el dolor de estómago?
- Faltaría más, señor. ¡Claro que sí! (Ya un poco mosqueada).
- ¿Y... Calmantes?
- ¡Evidentemente! (El mosqueo, empezaba ya a ser, cabreo).
- Y... ¿Viagra, tienen Uds. Viagra? –pregunta ahora la señora de edad.
- También , Señora, también. ¡tenemos de todo! Esto es una... ¡Farmacia!
- No se enfade, mujer, pero mire Ud., nosotros estamos en la Residencia que está aquí al lado,
nos conocimos allí, nos enamoramos y hemos decidido casarnos muy pronto y pensábamos montar
en esta farmacia...
¡¡¡La Lista de Bodas!!!