n el editorial anterior mencionaba mi visita a las tres Delegaciones de la Real Hermandad en las Islas
Canarias y lo satisfactorio de dichas visitas. En el momento de escribir este nuevo editorial y cuando
ha transcurrido año y medio, desde que me hice cargo de la Real Hermandad, relevando en el cargo al
Tte. Gral. Muñoz-Grandes, he proseguido con las visitas. Desde el primer momento tuve muy claro que
una de las cosas que tenía que hacer, por obligación y por devoción, era ir a cada una de las cincuenta y
cinco Delegaciones que tenemos, para conocer, personalmente, a los Presidentes de las mismas. De este
modo cumplía con una buenísima tradición militar que nos inculcaron a todos en nuestras respectivas
Academias cuando nos formábamos militar y humanamente en ellas. Este recuerdo para mí se remonta
al año 1955 cuando era cadete de primer curso en la Academia General del Aire. Aquellos extraordinarios
maestros, encargados de nuestra educación militar hablando de los usos y costumbres militares, nos inculcaron
la idea, entre otras muchas, de las presentaciones militares. Con estas o parecidas palabras nos
recordaban la obligación, ineludible, que todo militar tiene de presentarse a sus superiores cuando llega a
un destino y cómo la deferencia militar, la cortesía, el buen trato, la fineza aconsejan hacerlo al resto de
compañeros ¡Cuán agradecidos hay que estar a aquellos inolvidables profesores! Ellos nos abrieron el camino
que habríamos de andar luego solos, formando parte de esta “religión de hombres honrados” que es
la milicia, y nosotros se lo hemos desbrozado a los que nos han seguido, creando, sin solución de continuidad,
una cadena de relación impregnada de compañerismo, disciplina y lealtad que nos mantiene unidos
para la acción.
De las cincuenta y cinco Delegaciones que la Real Hermandad tiene repartidas por España he estado
en treinta y seis, y, si Dios quiere, antes de finalizar el año habré estado en todas ellas. Ello me ha permitido,
además, viajar por toda España disfrutando de sus paisajes, de su historia, de sus gentes y ¿por qué
no decirlo? de su gastronomía que también es cultura. Pero sin duda lo más importante para mí, y el objetivo único de tanto viaje, ha sido conocer personalmente a cada uno de los Presidentes de las Delegaciones
visitadas. Era necesario este conocimiento personal entre nosotros. El estrecharse la mano
mirándonos a los ojos establece un vínculo difícil de romper. Esto ha sido así en España desde tiempo inmemorial. ¡Cuántos tratos importantes entre hombres se han sellado con un simple apretón de manos!
Cuando yo lo he hecho con cada uno de los Presidentes hemos ratificado nuestro compromiso con la Real
Hermandad, con sus ideales y con sus fines. Recordemos alto y claro nuestros ideales: AMOR A ESPAÑA,
RESPETO A LA CONSTITUCIÓN Y FIDELIDAD AL REY Y A LAS FUERZAS ARMADAS.
EDUARDO GONZÁLEZ-GALLARZA MORALES
PRESIDENTE NACIONAL