Al día
Nos llama “fuerzas de ocupación”, lo cual no voy a rebatir, aunque me disguste,
por considerarlo un asunto estrictamente político y perfectamente debatible:
usted lo ve así y los afganos y nosotros lo vemos de otra manera.
Lo más grave, lo que realmente me ha movido a escribirle, es que nos llama
cobardes. Me sería muy cómodo, y es tentador, recurrir al argumento fácil de
mentarle a nuestros 85 muertos en Afganistán. Lo haría poniendo el grito en el
cielo, clamando por limpiar su memoria y desbordante de santa cólera por encontrarse
entre ellos un amigo mío. Pero eso sería demagogia, a fin de cuentas
los cobardes también mueren y siempre he dicho que alguien, por el mero hecho
de morir, no se convierte en beato. También admitiré que el hecho de que no seamos
unos cobardes tampoco nos convierte en héroes, ni siquiera a los que han muerto.
El heroísmo es un rasgo bien grabado en los huesos de la raza española, pero para que salga a la
superficie hace falta algo más que ser un héroe potencial: se necesita, además, estar en el lugar
apropiado, en el momento oportuno y realizar un hecho de armas de extraordinaria bravura más
allá del deber: Hasta el momento y a pesar de evidentes actos valerosos de nuestras tropas, eso no
ha ocurrido aquí.
La realidad, señor Dragó, es que quienes servimos en Afganistán, los vivos y los muertos, ni somos
héroes ni somos cobardes. Cumplimos con nuestro deber. Que ese deber nos haya llevado y lleve a
sostener combates contra los insurgentes, a sufrir emboscadas, a padecer ataques de cohetes en nuestras
bases, a que caigan nuestros aviones y helicópteros o a saltar por los aires en caminos y carreteras,
eso, digo, no nos convierte en héroes. Pero desde luego hay que tener muchos cojones para
llamarnos cobardes.
Quiero creer que usted se refería a que la política española sobre Afganistán es de cobardes. Ahí
no me meto, ya que como militar no me está permitido hablar de política en medios de comunicación.
Pero si esa era su intención, hombre de Dios. ¿Por qué no criticó al Gobierno?, ¿o al Ministerio?
¿Por qué la tomó con aquellos que han jurado cumplir con su deber allá donde les envíen?
Nos ha calumniado, don Fernando, y lo ha hecho de forma muy cómoda porque los agraviados estamos
a seis mil kilómetros de un desquite. Bueno, a algunos los tiene más cerca, a sólo dos palmos
bajo tierra en los cementerios de toda España. Ah perdón, que eso es demagogia. El caso es que ha
atentado con falsedad y vileza contra lo más sagrado que tiene un militar: su honor. No le voy a denunciar,
pero le invito a retractarse igual de públicamente que se expresó.