ciones meteorológicas anuncian empeoramientos generalizados en la Península Ibérica y temporales de nieve que están por venir o han venido ya en muchas regiones, provincias o Comunidades Autónomas de España que de tan diversas formas se las puede llamar. No obstante, se puede afirmar que, resistimos mejor la crudeza de las bajas temperaturas que otros acontecimientos que nos dejan "helados" y no sabemos como "abrigarnos" y protegernos de ellos.
Por ejemplo, se queda uno "helado" con la Ley de Memoria Histórica, aprobada por el Congreso de los Diputados en Octubre de 2007. Esta Ley parece ignorar nuestra Carta Magna, la Constitución, la que nos dimos todos los españoles, tras consulta electoral, en 1978, gracias al consenso y al trabajo incansable y titánico de "sus Señorías" pertenecientes a todos los partidos del arco parlamentario. Todo esto resulta más paradójico, por no emplear una palabra más dura, cuando este año de 2008, el próximo 6 de diciembre, celebraremos los treinta años de la Constitución Española. Aunque como hemos señalado en otras ocasiones, no hay más remedio que repetirlo una vez más, la alegría del "cumple años" se ve empañada por las amenazas que se ciernen sobre el Texto Constitucional por culpa del nacionalismo insaciable y excluyente. Así que parece inoportuno y peligroso reabrir viejas heridas que estaban restañadas hace treinta años.
Por supuesto todas las personas razonables y bien intencionadas estamos a favor de localizar a los familiares difuntos de aquellos españoles que los perdieron y quieren recuperar sus restos para darles cristiana sepultura o enterrarlos dignamente. Aunque dicho con todo respeto parece una tarea ardua y difícil. Se ha dicho y escrito mucho en relación con esta Ley pero lo más positivo que se ha leído es lo que dijo el Cardenal Rouco y que recoge la nota de prensa final de la XCII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. Monseñor aboga por la auténtica y sana purificación de la memoria liberando a los jóvenes de los lastres del pasado no cargándolos con viejas rencillas y rencores sino ayudándoles a fortalecer la voluntad de plena concordia y de amistad, capaz de unir pacíficamente las personas, las familias y las comunidades que integran y conforman la España actual.
La Crisis Económica es un ingrediente más de este "gélido" invierno que padecemos y ha introducido en la vida de los españoles una sensación de inseguridad y de preocupación respecto al incierto futuro que nos aguarda. Muchos de nuestros compatriotas ya están sufriendo los efectos negativos de la crisis porque han perdido su puesto de trabajo o están a punto de perderlo. Las causas de la misma han sido explicadas, de modo magistral y asequible para todos, por el Dr. Ingeniero Industrial y profesor del IESE, D. Leopoldo Abadía en una entrevista que le hace el periodista Buenafuente. La entrevista está disponible para todos en internet. Por cierto, el profesor, es padre de doce hijos y abuelo de treinta y cinco nietos ¡Qué maravilla! Si esta descendencia de hijos y nietos se parecen un poco a su padre y abuelo la contribución del Dr. Abadía a España es sobresaliente, aunque pensándolo bien es sobresaliente en todo caso.
Quizá la solución a esta crisis pasa, como opina el profesor de Economía Política de la Universidad Católica de Milán, Giovanni Maseguerra, en revisar nuestra actitud y reconocer que la correcta relación entre ética y economía ha sido sustituida por una ética de los negocios, pensada solo para permitir a pocos obtener provecho de la buena fe de muchos.
Lamentamos muchísimo la guerra declarada al Crucifijo, símbolo de la Fe que profesamos muchos y signo de identidad de nuestra Civilización Cristiana. Decía Chesterton que cuando el hombre quita a Dios de su vida, lo sustituye por otro dios y no hace más que barbaridades y cosas mal hechas porque anda desnortado.
Esta Revista, órgano de difusión de la Real Hermandad felicita a la Presidenta de nuestra Comunidad, Dñª. Esperanza Aguirre, y a todo el séquito que la acompañaba en su viaje a la India por la feliz vuelta a casa después de haber vivido horas de gran peligro en el hotel de Bombay donde intentaban alojarse. Ignoramos el respaldo político que puedan tener algunos críticos para hacer los comentarios que han vertido, absolutamente inaceptables, respecto a la actuación de la Presidenta, en un escenario en el que tanto ella como su séquito se estaban jugando la vida. Hubiera sido, al menos, más humano y elegante felicitarles por haberla salvado. Una cosa es la rivalidad política y otra la solidaridad humana.
EDUARDO GONZÁLEZ-GALLARZA MORALES
PRESIDENTE NACIONAL